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¿Cuánta agua consume la IA? El experimento en Quilicura que reemplazó algoritmos por «vecinos-servidores»

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un grupo de 50 vecinos de la comuna de Quilicura se transformó en un «servidor humano» para procesar más de 25 mil consultas de todo el mundo.

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Con el objetivo de mostrar el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el medio ambiente, 50 vecinos de la comuna de Quilicura reemplazaron los algoritmos por la «inteligencia humana». El experimento, Quili.ai, procesó más de 25 mil consultas provenientes de todo el mundo.

Según datos técnicos que motivaron esta intervención, cada consulta realizada a una IA convencional puede consumir entre 0,5 y 2 litros de agua, principalmente debido a los sistemas de enfriamiento necesarios para los servidores. 

Impulsado por la Corporación NGEN, el proyecto transformó los vecinos en un «servidor humano» capaz de operar en tiempo real. Durante una jornada de ocho horas continuas, el equipo integrado por enfermeras, traductores, adolescentes y adultos mayores, atendió interacciones provenientes de 68 países, incluidos destinos como Japón, Emiratos Árabes Unidos y Finlandia.

El impacto ambiental detrás de cada clic

Mientras un centro de datos promedio puede consumir millones de litros de agua diariamente para evitar el sobrecalentamiento de sus procesadores, los vecinos de Quilicura demostraron que la «base de datos viva» de una comunidad es inagotable y de bajo impacto ambiental.

«La invitación no es a ir en contra de la tecnología, sino a entender que existe una huella hídrica detrás de cada clic. Hoy, si quiero una receta de queque, probablemente sea mejor preguntarle a la vecina que a la IA», señaló la vocera de la actividad, Lorena Antimán.

Con preguntas y solicitudes de todo tipo -como recetas, destinos para visitar y consejos de crianza, las interaciones durante el encuentro tuvieron una duración promedio de conversación de 12 minutos y 40 segundos.

De la «soledad digital» a la inteligencia colectiva

Además de la alerta medioambiental, el experimento derivó en un análisis sobre la soledad digitalLos participantes notaron que muchas de las consultas no buscaban datos técnicos, sino una conexión humana genuina. Entre las solicitudes más curiosas destacaron pedidos de dibujos de gatos o inquietudes emocionales complejas que un algoritmo difícilmente podría abordar con empatía real.

«Esto fue una desconexión que generó conexión. Volvimos a lo básico: ayudarnos más entre nosotros», agregó Antimán. En ese sentido, los resultados arrojaron un promedio de 40 interacciones por vecino, evidenciando que la inteligencia colectiva sigue siendo una herramienta insustituible y altamente eficiente.

 

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