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James Webb descubre una «fábrica» de moléculas orgánicas en una galaxia lejana

James Webb descubre una «fábrica» de moléculas orgánicas en una galaxia lejana
EFE.

Cooperativa Ciencia,

Tiempo de lectura: 2 minutos El telescopio espacial logró detectar un reservorio excepcionalmente rico en compuestos químicos a 1.300 millones de años luz de la Tierra.

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Un estudio liderado por el Centro de Astrobiología (CAB) de España reveló la existencia de un reservorio «extraordinario e inédito» de pequeñas moléculas orgánicas en una galaxia distante. El hallazgo, detectado por el Telescopio Espacial James Webb, supone un hito para la astrobiología, ya que permite observar en tiempo real procesos químicos que hasta ahora solo eran teorías.

La galaxia en cuestión, denominada IRAS 07251–0248, se encuentra a unos 1.300 millones de años luz de la Tierra. Se trata de un sistema extremadamente energético que surgió tras la colisión de dos galaxias, un evento violento que generó una densa nube de gas y polvo. Aunque esta cortina de material oculta gran parte de su interior a los telescopios ópticos convencionales, la visión infrarroja del James Webb logró  penetrar la oscuridad para revelar una riqueza química que los científicos han calificado de «bestial».

Entre los compuestos identificados se encuentran el benceno, el metano, el triacetileno, el diazetileno y el radical metilo. Muchas de estas moléculas nunca se habían detectado fuera de la galaxia, o bien se habían observado en cantidades mínimas en satélites cercanos como la Nube de Magallanes.

«Este hallazgo nos indica que en ese lugar se está produciendo un proceso de formación de moléculas orgánicas de una manera sumamente eficiente», señaló el autor principal del estudio, Ismael García Bernete. Esta eficiencia sugiere que los núcleos galácticos oscurecidos por el polvo no son solo lugares pasivos, sino auténticas «fábricas» químicas donde se gestan los componentes básicos que podrían dar origen a la vida.

El motor de la creación orgánica en el espacio

El equipo de investigación propone que el detonante son los rayos cósmicos: partículas cargadas de altísima energía impulsadas por el agujero negro supermasivo que reside en el centro de la galaxia estudiada.

El proceso funciona como una suerte de erosión química a escala cósmica. Los rayos cósmicos impactan contra los granos de polvo interestelar y contra moléculas más complejas llamadas hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH). Este impacto fragmenta las estructuras de carbono más grandes, liberando una fuente constante de carbono que permite la producción continua de moléculas orgánicas más pequeñas.

«Hemos encontrado el proceso en el que esos granos y esas moléculas se están erosionando en directo«, afirma García Bernete.


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