Captan por primera vez cómo una estrella masiva colapsa «en silencio» hacia un agujero negro
Tiempo de lectura: 2 minutos Un equipo internacional de astrónomos logró el registro más detallado hasta la fecha de una «supernova fallida» en la galaxia de Andrómeda.
En un hito para la astrofísica moderna, investigadores observaron por primera vez el proceso completo de una estrella masiva desvaneciéndose hasta convertirse en un agujero negro sin mediar la explosión cataclísmica conocida como supernova.
Este fenómeno, captado en la galaxia de Andrómeda —nuestra vecina cósmica más cercana—, permite entender cómo mueren realmente los gigantes estelares y por qué algunos «prefieren» el silencio absoluto antes que el estallido final.
El objeto del estudio es la estrella M31-2014-DS1, una supergigante masiva ubicada a unos 2,5 millones de años luz de la Tierra. Según los datos analizados por científicos de la Fundación Simons, el MIT y las universidades de Harvard, Princeton y Columbia, la estrella sufrió un colapso directo, transformándose en un agujero negro de masa estelar tras un desvanecimiento dramático y sostenido que comenzó hace una década.
Durante décadas, la comunidad científica operó bajo la premisa de que las estrellas masivas terminaban sus vidas necesariamente en una explosión de supernova. Sin embargo, este nuevo registro observacional confirma la existencia de las llamadas «supernovas fallidas».
El rastro de la «supernova fallida»
Para reconstruir este proceso, el equipo analizó datos de archivo que datan desde 2005 hasta 2023, utilizando mediciones del proyecto NEOWISE de la NASA y potentes instrumentos como el Telescopio Espacial Hubble. Los investigadores aplicaron una teoría de los años 70 que sugería que un colapso directo dejaría un rastro muy específico: un tenue resplandor infrarrojo provocado por el desprendimiento de las capas externas de la estrella justo antes de ser engullida por su propio núcleo.
Los resultados mostraron que, en 2014, la luz infrarroja de M31-2014-DS1 comenzó a intensificarse de forma inusual. Sin embargo, hacia 2016, la estrella comenzó a atenuarse rápidamente. Para 2023, lo que solía ser una de las estrellas más brillantes de Andrómeda prácticamente había desaparecido del espectro visible, reduciendo su luminosidad en diez mil veces. Hoy, sus restos solo son detectables en el infrarrojo medio, con una intensidad mínima que confirma su transformación final.
Hacia un nuevo inventario de muertes estelares en el universo
Kishalay De, investigador principal del MIT, calificó el hallazgo como «el descubrimiento más sorprendente» de su vida, señalando que las pruebas estuvieron ocultas en datos públicos durante años.
«Esto realmente afecta nuestra comprensión de cómo mueren las estrellas masivas. Indica que este tipo de colapsos silenciosos pueden estar ocurriendo con mucha más frecuencia de lo que pensábamos, pasando desapercibidos para nuestros telescopios convencionales», explicó el astrónomo.
Si bien en 2010 se sospechó de un fenómeno similar en la galaxia NGC 6946, la distancia y la falta de nitidez impidieron una conclusión definitiva. En el caso de Andrómeda, la proximidad ha permitido construir una imagen física completa, demostrando que la interacción entre la gravedad, la presión de gas y las ondas de choque internas puede llevar a un colapso total sin la expulsión de materia característica de una supernova.
Este avance científico abre una nueva ventana para la astronomía observacional, sugiriendo que el universo podría estar lleno de estos «nacimientos silenciosos» de agujeros negros.