Catalina Silva: La bióloga que alza la voz para proteger los ecosistemas de la Patagonia
Tiempo de lectura: 2 minutos La bióloga ambiental y divulgadora científica estudia la biodiversidad del extremo sur para conectar el conocimiento académico con el activismo ambiental.
El valor del conocimiento local y la ciencia ciudadana
Uno de los hitos que definieron su carrera ocurrió cuando aún era estudiante en Villa O’Higgins. Mientras organismos oficiales descartaban la presencia del alga invasora Didymosphenia geminata (Didymo) en la zona, Catalina y su equipo escolar identificaron muestras del organismo en el Lago O’Higgins.
Este hallazgo subrayó la importancia de la observación local: muchas veces, los habitantes del territorio poseen información que la ciencia centralizada aún no ha logrado documentar por la complejidad geográfica de las zonas extremas.
Esta experiencia temprana la impulsó a profesionalizar su labor de divulgadora científica. Para Silva, la publicación de artículos académicos es solo una parte del proceso; la otra es asegurar que esa información llegue a la ciudadanía y a las autoridades.
A través de documentales y plataformas digitales, ha logrado posicionar temas ambientales urgentes, demostrando que el conocimiento del territorio es la base fundamental para cualquier estrategia de conservación efectiva en el sur de Chile.
Activismo juvenil y brechas en la academia
Catalina Silva también reflexiona sobre el papel de las nuevas generaciones en la toma de decisiones ambientales. Como «agente de cambio», ha integrado redes de activismo juvenil que buscan elevar las demandas legislativas en materia de protección de ecosistemas.
Su enfoque combina la rigurosidad del laboratorio con una visión política, entendiendo que la crisis climática requiere de científicos que se involucren activamente en el debate público.
Sobre la brecha de género en la ciencia, Catalina reconoce que, aunque históricamente la academia ha sido un espacio masculinizado, hoy existe una comunidad creciente de investigadoras que están abriendo camino. Su mensaje para las niñas que crecen en regiones remotas es de perseverancia: la ciencia no requiere de una ubicación privilegiada ni de genialidad absoluta, sino de la valentía de seguir la curiosidad propia.
«Estamos en un momento donde las oportunidades están; solo hay que atreverse a ingresar a este mundo para descubrir lo que nos rodea», concluye.