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Osos polares cambian su dieta para enfrentar la pérdida de hielo marino

Osos polares cambian su dieta para enfrentar la pérdida de hielo marino

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio en el Ártico reveló que, pese a la reducción sostenida del hielo, algunos ejemplares han aumentado su peso y grasa corporal gracias a cambios en su alimentación.

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Catalogado como «vulnerable» en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el Oso polar enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia: la acelerada reducción del hielo marino en el Ártico. Sin embargo, recientes investigaciones han sorprendido a la comunidad científica al detectar que algunas poblaciones han mejorado su condición corporal.

El hielo se derrite cada vez antes en primavera y se forma más tarde en otoño, reduciendo el tiempo disponible para cazar focas, su presa principal. Aunque estos animales pueden soportar largos periodos sin alimentarse, la menor disponibilidad de hielo complica su acceso a alimento, afectando especialmente a hembras con crías.

Actualmente, la población global se estima entre 22.000 y 35.000 individuos. En este contexto, los cambios observados en algunas regiones abren nuevas preguntas sobre su capacidad de adaptación frente al cambio ambiental.

Renos, morsas y huevos: Los cambios en la dieta

Un estudio del Instituto Polar Noruego, publicado en Scientific Reports, analizó la población del archipiélago de Svalbard, en el océano Glacial Ártico. Allí, los científicos constataron que desde el año 2000 los osos han incrementado su masa y reservas de grasa corporal.

El hallazgo llamó la atención, ya que en esta zona el hielo marino se ha reducido a una tasa de cuatro días por año, más del doble que en otras áreas del Ártico. Según los investigadores, la clave estaría en un cambio de dieta: además de focas anilladas, los osos ahora consumen renos, morsas e incluso huevos de aves, buscando en tierra firme lo que ya no encuentran sobre el hielo.

Adaptación bajo presión

Expertos advierten que este fenómeno no implica una adaptación genética, sino un ajuste alimentario frente a condiciones adversas. Si bien el aumento de peso puede interpretarse como un dato positivo a nivel local, no es suficiente para concluir que la especie esté mejorando en términos generales.

Los científicos subrayan la necesidad de continuar monitoreando a los ejemplares mediante dispositivos de seguimiento y drones, con el fin de evaluar su condición corporal y sus reservas energéticas a largo plazo.

Además de la pérdida de hielo, la especie enfrenta otras amenazas, como la expansión de la industria del gas y el petróleo en el Ártico y el aumento del tráfico marítimo, que eleva el riesgo de derrames y perturbación humana.


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