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Estudio revela cómo se forjó la vida rural en Bajo Palena durante el siglo XX

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Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación arqueológica reconstruye el proceso de ocupación, uso y abandono de predios entre 1930 y 1980 en uno de los territorios más aislados de la Patagonia, poniendo en valor la memoria material y social del poblamiento en la Región de Aysén.

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Lejos de la idea de un territorio vacío, el poblamiento de Aysén entre fines del siglo XIX y gran parte del XX estuvo marcado por la adaptación extrema y la autogestión. En sectores como Bajo Palena, la vida se organizó sin apoyo estatal inicial, en medio de bosques densos, lluvias persistentes y un aislamiento casi total.

Un estudio analizó cómo las familias ocuparon, utilizaron y abandonaron predios entre 1930 y 1980. La investigación fue desarrollada por el antropólogo y magíster en Arqueología, Diego Galleani Calderón, durante su tesis de posgrado en la Universidad de Chile.

Los resultados no solo documentan estructuras materiales, sino que permiten comprender cómo se habitó la marginalidad en un territorio donde el clima y el tiempo amenazan con borrar sus huellas. «Estos vestigios, junto al relato oral y los archivos, nos cuentan cómo fue la vida en uno de los sectores más aislados de la Patagonia», explica Galleani.

El río como eje de la vida cotidiana

Uno de los principales hallazgos es el rol del río Palena como columna vertebral del asentamiento. Ante la inexistencia de caminos y la presencia de bosque siempreverde y zonas anegadas, el río fue la principal vía de tránsito y conexión entre familias.

Más que un curso de agua, se transformó en eje articulador de la vida social y productiva. La orientación de viviendas y galpones, así como la reubicación de construcciones tras inundaciones, reflejan un aprendizaje constante frente a las dinámicas del paisaje.

Arquitectura de adaptación

La investigación identificó restos de viviendas, talleres y cercos que evidencian el uso estratégico de recursos locales. Muchas casas estaban revestidas con tejuelas de ciprés de las Guaitecas, madera valorada por su resistencia a la humedad.

También se registraron cercos «palo a pique» y vestigios de pequeños aserraderos, lo que muestra un modelo rural que adaptó tradiciones constructivas a las exigencias climáticas del valle.

Colonización espontánea y patrimonio en riesgo

El poblamiento tuvo un carácter mayormente espontáneo. La llegada de familias y empresas madereras en las décadas de 1930 y 1940 precedió la intervención estatal, que más tarde formalizó la subdivisión de tierras. Aun así, la organización del territorio siguió dependiendo de las familias colonas.

Hoy, muchos de esos vestigios enfrentan un rápido deterioro. En un entorno de lluvias intensas y vegetación densa, construcciones que no alcanzan el siglo ya presentan un avanzado estado de ruina, lo que convierte su registro en una tarea urgente.

El trabajo de Galleani forma parte del proyecto «Paisaje Arqueológico Rural de Aysén entre los siglos XVIII a XX», liderado por la Dra. Amalia Nuevo-Delaunay y financiado por el Gobierno Regional de Aysén.


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