Fósiles antárticos revelan que los lirios de mar sobrevivieron a la extinción de los dinosaurios
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio internacional muestra que estos antiguos animales marinos lograron resistir el evento que eliminó a los dinosaurios, aportando nuevas pistas sobre la vida en ecosistemas extremos.
Un grupo de fósiles hallados en la Antártica está reescribiendo parte de la historia de la vida en la Tierra. Una nueva investigación revela que los lirios de mar lograron sobrevivir a la extinción masiva que acabó con los dinosaurios hace unos 66 millones de años.
El estudio, parte del proyecto Paleoclima del Programa Antártico Brasileño (PROANTAR) y del proyecto de postdoctorado de la geóloga del Instituto Antártico Chileno (INACH) Leslie Manríquez Márquez, se basa en restos encontrados en el continente blanco. Lo que muestra es que estos organismos marinos persistieron tras el impacto del asteroide asociado al evento de extinción del Cretácico-Paleógeno.
Los resultados del proyecto titulado «Vinculando el Cretácico y el Paleógeno: crinoideos pedunculados de aguas someras de la isla Seymour revelan un registro fósil antártico continuo», permiten entender mejor cómo algunas especies lograron resistir uno de los episodios más drásticos en la historia del planeta.
Sobrevivientes del fondo marino
Los lirios de mar, conocidos científicamente como crinoideos, son animales marinos emparentados con estrellas y erizos de mar. Aunque su apariencia recuerda a plantas, en realidad son organismos animales que habitan principalmente en el fondo oceánico.
El análisis de los fósiles sugiere que estas especies no solo sobrevivieron a la extinción, sino que continuaron diversificándose en ambientes antárticos.
«Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas», explica Leslie Manríquez.
Esto desafía la idea de que el evento eliminó de forma masiva a la mayoría de las especies marinas complejas. «Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies», añade.
Claves para sobrevivir a una extinción masiva
Una de las hipótesis que plantea el estudio es que los ecosistemas de aguas profundas habrían actuado como refugios frente a los cambios extremos en la superficie del planeta.
En ese contexto, los lirios de mar habrían encontrado condiciones más estables para subsistir, evitando los efectos más severos del impacto, como cambios bruscos de temperatura y alteraciones en la cadena alimentaria.
Según Manríquez, «un refugio ecológico es un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas. En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí».
Además, su forma de alimentación, basada en filtrar partículas del agua, podría haber sido una ventaja en escenarios de escasez.
Antártica como laboratorio natural
El hallazgo refuerza la importancia de la Antártica como un territorio clave para estudiar la evolución y resiliencia de las especies frente a cambios globales.
Estos fósiles no solo permiten reconstruir el pasado, sino que también ayudan a comprender cómo los ecosistemas podrían responder ante eventos extremos actuales, como el cambio climático.
Para la autora principal del estudio, Bruna Poatskievick, «nuestro resultado es importante porque demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa. Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta».
El estudio abre nuevas preguntas sobre qué características permiten a ciertas especies sobrevivir a crisis globales, mientras otras desaparecen, y posiciona a los océanos profundos como un componente clave en esa historia.