Virus extremos en El Tatio: Investigación revela el secreto de la vida en el Altiplano
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio liderado por Beatriz Díez y el Centro de Regulación del Genoma (CRG) descubrió que los virus ambientales actúan como reguladores en los géiseres del Tatio.
A más de 4.300 metros de altitud, en la Región de Antofagasta, los géiseres del Tatio conforman uno de los escenarios más fascinantes y hostiles de la Tierra. En este rincón del Altiplano chileno, donde las temperaturas oscilan entre el punto de ebullición y el congelamiento extremo en pocas horas, la vida no solo persiste, sino que prospera gracias a un actor invisible: los virus extremos.
Un equipo científico encabezado por Beatriz Díez, académica de la Universidad Mayor e investigadora del Centro de Regulación del Genoma (CRG), logró descifrar el rol que juegan estos entes biológicos en el ecosistema. Lejos de la imagen tradicional de los virus como simples agentes de enfermedad, el estudio revela que en El Tatio funcionan como los verdaderos arquitectos de la resiliencia microbiana.
Contrario a la percepción común, la gran mayoría de los virus en la naturaleza no infectan a los seres humanos. En ecosistemas acuáticos extremos como los del norte de Chile, cumplen una función ecológica insustituible. Según explica la investigación, estos virus actúan como reguladores de las poblaciones de bacterias y arqueas, permitiendo que el ecosistema se mantenga equilibrado pese a la escasez de recursos.
¿Cómo funcionan los virus en condiciones extremas?
El estudio destaca un proceso conocido como «desvío viral». Al infectar y lisar (romper) a ciertos microorganismos, los virus liberan materia orgánica —carbono, nitrógeno y fósforo— que vuelve a estar disponible para el resto de la comunidad. «Este reciclaje de nutrientes es lo que mantiene el flujo de energía en un ambiente tan restrictivo», señala el informe liderado por Díez.
Además, los científicos sospechan que estos virus actúan como «motores de adaptación». A través de la transferencia horizontal de genes, podrían estar moviendo material genético que otorga resistencia al calor extremo o a la radiación ultravioleta entre diferentes especies de microorganismos, permitiendo que la vida evolucione con mayor rapidez ante la adversidad.
Metagenómica y la carrera contra la crisis climática
Para estudiar estos organismos, que son casi imposibles de cultivar en un laboratorio tradicional, el equipo ha recurrido a la metagenómica. Esta tecnología, financiada por el proyecto ANID-Fondecyt 1230217, permite secuenciar el material genético directamente desde las muestras de agua y sedimentos de los géiseres.
«Generando nuevo conocimiento podemos demostrar la urgencia de proteger esta biodiversidad a través de una gestión sustentable», enfatiza Beatriz Díez. La investigadora advierte que los ecosistemas del Altiplano y el Desierto de Atacama se encuentran bajo una presión sin precedentes debido a la actividad humana y, especialmente, a la crisis climática, que altera los ciclos hídricos y térmicos de los que dependen estos virus únicos.
Debido a su alta radiación y condiciones químicas particulares, El Tatio es considerado un análogo terrestre de Marte. Descifrar cómo los virus facilitan la vida en estos límites ayuda a la comunidad internacional a entender qué tipo de firmas biológicas buscar en otros planetas.