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Los sonidos sí importan: Estudio vincula paisajes sonoros urbanos con el bienestar mental

Los sonidos sí importan: Estudio vincula paisajes sonoros urbanos con el bienestar mental

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Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación de la Universidad de Chile y la Universidad Austral revela que la calidad acústica de las ciudades es un factor determinante para la salud emocional y el diseño de espacios públicos.

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La ciudad no solo se recorre con la vista; se habita con todos los sentidos. Sin embargo, históricamente, el urbanismo ha priorizado lo visual por sobre lo auditivo. Un estudio, codesarrollado por el Departamento de Urbanismo de la Universidad de Chile y la Universidad Austral de Chile (UACh), puso el foco en cómo los sonidos de la ciudad influyen en el bienestar mental de sus habitantes.

La investigación, publicada en la revista Applied Acoustics, demuestra que el paisaje sonoro es una pieza clave en la experiencia cotidiana. Mientras que el ruido del tráfico se posiciona como el principal estresor, los sonidos de la naturaleza emergen como potentes promotores de la calma, incluso en entornos densamente poblados.

El estudio se centró en el sector de Barrios Bajos en Valdivia, una zona que ofrece un laboratorio natural único al combinar vegetación, cercanía con ríos y un creciente flujo vehicular. A diferencia de los análisis tradicionales que solo miden la contaminación acústica en niveles de presión sonora, este equipo utilizó una metodología mixta.

El experimento en Valdivia: Caminatas sonoras y emociones

El equipo, liderado por Antonio Zumelzu (UACh) y Geraldine Herrmann Lunecke (U. de Chile), junto a investigadores internacionales, empleó las llamadas «soundwalks» o caminatas de escucha. En ellas, residentes y visitantes recorrieron las calles describiendo en tiempo real las emociones que les provocaba el entorno sonoro.

«En urbanismo solemos pensar mucho en lo visual, pero el oído también es clave para el bienestar», destaca Zumelzu. Los resultados mostraron que el ruido del tráfico vehicular genera sensaciones de agotamiento, monotonía y alerta. En contraste, el viento entre los árboles, el agua del río y el canto de las aves se vincularon con la tranquilidad, el placer y la alegría.

Cuando la naturaleza oculta el tráfico

Otro de los hallazgos del estudio es el fenómeno del «enmascaramiento informacional». Los investigadores descubrieron que en espacios donde conviven ruidos urbanos y sonidos naturales, estos últimos pueden «enmascarar» la percepción del tráfico.

Aunque el ruido de los autos siga presente físicamente, la presencia de aves o vegetación hace que las personas dejen de prestarle atención, reduciendo significativamente los niveles de estrés. Esto sugiere que mejorar la salud mental urbana no solo depende de disminuir el ruido, sino de enriquecer el paisaje sonoro con elementos naturales.

Planificación urbana con conciencia acústica

Para los especialistas, estos datos aportan evidencia para las políticas públicas en Chile. El diseño de las ciudades -señalan- debe dejar de ver las áreas verdes solo como «adornos» visuales y empezar a valorarlas por su capacidad acústica de sanación.

«Muchas veces pensamos en áreas verdes solo por lo que vemos, pero también importan los sonidos que generan», explica Herrmann Lunecke. La investigación enfatiza que no se requieren necesariamente grandes parques para lograr este efecto; plazas de barrio, calles arboladas y franjas de vegetación en las veredas pueden transformar radicalmente la experiencia sonora diaria de un ciudadano.


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