Misión chilena enviará microorganismos del Desierto de Atacama al espacio exterior
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación liderada por la doctora Jenny Blamey pondrá a prueba la resistencia de seis microorganismos extremófilos en condiciones reales de radiación cósmica y microgravedad durante ocho meses.
El próximo 11 de mayo, una nueva misión espacial encabezada por la doctora Jenny Blamey, directora científica de la Fundación Biociencia e investigadora de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), enviará seis microorganismos extremófilos a la Estación Espacial Internacional (EEI).
A diferencia de experimentos previos, estas muestras no permanecerán en el interior de la nave, sino que serán expuestas directamente al vacío y a las condiciones hostiles del espacio exterior.
El estudio busca analizar cómo la radiación ionizante, la falta de oxígeno y la ausencia de gravedad modifican el comportamiento funcional, metabólico y genómico de estos organismos. Según explica la doctora Blamey, se trata de una investigación pionera: «Por primera vez van a volver cultivos viables a la Tierra para realizar análisis a nivel de genes y proteínas, y ver si la radiación, la falta de gravedad, o de oxígeno han modificado su comportamiento», señala la experta.

El desierto de Atacama: Laboratorio natural de la vida extrema
En el Desierto de Atacama, uno de los más áridos del mundo, Blamey y su equipo descubrieron microorganismos capaces de resistir niveles extremos de radiación ultravioleta y gamma. Estos «extremófilos» —organismos que viven óptimamente en lugares donde la vida parecía imposible, como volcanes, géiseres o glaciares— poseen una maquinaria metabólica que podría ser la clave para la supervivencia humana fuera de la Tierra.
La misión, que cuenta con el respaldo de la Oficina de Investigaciones Espaciales de Estados Unidos y la NASA, utilizará tecnología de diseño chileno para el traslado de las muestras. Los microorganismos viajarán en «biocámaras» herméticas de tres centímetros cúbicos, diseñadas por Luis Guzmán.
Estos contenedores, fabricados con polímeros biocompatibles y sellados con anillos de titanio, serán transportados por un cohete Falcon 9 de SpaceX hasta la EEI, donde los astronautas los anclarán a uno de los brazos exteriores de la estación.
De los seis microorganismos seleccionados, tres son arqueas, los organismos más primitivos conocidos, aislados de volcanes submarinos y capaces de vivir sin oxígeno. Los otros tres provienen de ambientes terrestres extremos, seleccionados por su alta resistencia a la radiación cósmica.
Aplicaciones en biomedicina y futuras misiones a Marte
Esta investigación busca aplicaciones prácticas para la «civilidad» y el futuro de la exploración espacial. El estudio de estos microorganismos podría revelar nuevos biocompuestos para el desarrollo de materiales resistentes y procesos industriales más sustentables, como la extracción de minerales menos contaminante.
«Nos interesa estudiar cuáles son los mecanismos que permiten a estos organismos resistir tanta energía. Es posible que generen biocompuestos que ayuden a proteger a los seres humanos frente a desastres nucleares o altas exposiciones a radiación», destaca Blamey a Cooperativa Ciencia. Estas aplicaciones son vitales considerando las futuras misiones tripuladas a la Luna y las proyectadas para Marte.