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Explorar lo invisible: así son las expediciones científicas al fondo del mar

Explorar lo invisible: así son las expediciones científicas al fondo del mar

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Tiempo de lectura: 2 minutos En Puerto de Ideas Antofagasta 2026, la bióloga marina Nadia Cerino reveló cómo se investiga uno de los territorios más desconocidos del planeta, el océano profundo.

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En su charla «La aventura de explorar las profundidades del mar» presentada en Puerto de Ideas Antofagasta 2026, Nadia Cerino explicó cómo las expediciones científicas han evolucionado desde técnicas tradicionales, como redes que recolectaban organismos sin contexto, hacia el uso de robots submarinos que permiten observar directamente la vida a más de 4.000 metros bajo el mar.

Especialista en corales de aguas profundas, la investigadora conocida en redes como Nadia Coralina, destacó que estos ecosistemas siguen siendo ampliamente desconocidos, pese a su importancia. Su trabajo, desarrollado en campañas como las realizadas en el Cañón submarino de Mar del Plata, ha permitido registrar cientos de especies, muchas de ellas nunca antes observadas en su entorno natural.

Además del avance científico, Cerino subrayó el impacto de acercar estas investigaciones al público, especialmente a estudiantes. «Es una idea increíble acercarle la ciencia a las escuelas (…) despertar la curiosidad y el interés de los más chicos fue algo realmente rico», señaló, destacando el valor de la divulgación científica.

Cómo se investiga un mundo sin luz

Estudiar el océano profundo no se parece en nada a explorar la superficie. Cerino explicó que el primer gran obstáculo es la luz: «con suerte llega a los 200 metros», mientras que las expediciones científicas trabajan a profundidades que superan los 1.000 o incluso 4.000 metros.

Esa oscuridad total obliga a utilizar tecnología especializada. En campañas anteriores los equipos dependían de redes que descendían kilómetros mediante cables de acero, arrastrando todo a su paso sin distinguir especies ni comportamientos. El resultado: muestras mezcladas, muchas veces dañadas, que limitaban el conocimiento.

Hoy los avances tecnológicos han cambiado el paradigma. Robots submarinos operados a distancia, equipados con cámaras, luces y brazos mecánicos, permiten observar y recolectar organismos de forma selectiva. «Ya no es sacar todo sin saber; ahora vemos cómo viven, cómo interactúan», explicó la científica.

El proceso no termina al recolectar los organismos, una vez en cubierta los científicos separan las especies, las estudian y documentan cada detalle. Ese trabajo puede extenderse durante años: muchas muestras recolectadas en las expediciones de 2012 y 2013 siguen sin ser analizadas.

Corales de profundidad; ecosistemas invisibles y vulnerables

Uno de los focos de la investigación de Cerino son los corales de aguas profundas, organismos clave para la biodiversidad marina. A diferencia de los arrecifes tropicales, estos corales viven en oscuridad total y no dependen de la luz solar.

«Sabemos que los corales son ecosistemas marinos vulnerables y muy importantes», explicó. Durante las expediciones, observarlos en su entorno natural permitió entender cómo interactúan con otras especies, algo que antes solo se conocía en teoría.

Estos ecosistemas funcionan como refugio y soporte para múltiples organismos y su deterioro, ya sea por contaminación, cambio climático o actividad humana, podría afectar cadenas completas de vida marina, de ahí la importancia de estudiarlos y protegerlos.

Uno de los aspectos más innovadores de estas campañas ha sido la transmisión en vivo de las expediciones. A través de plataformas digitales, miles de personas pudieron observar en tiempo real lo que ocurría a kilómetros bajo el mar.


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