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¿Cómo se forman los pensamiento? La ciencia detrás de lo que recordamos

¿Cómo se forman los pensamiento? La ciencia detrás de lo que recordamos

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Tiempo de lectura: 2 minutos La bioquímica Soledad Matus explicó que recordar no es solo almacenar información, sino un proceso físico que moldea nuestras decisiones, aprendizajes y la forma en que nos relacionamos con el mundo.

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En su charla en el Festival de Ciencia Puerto de Ideas Antofagasta 2026, la bioquímica Soledad Matus propuso que pensar no es solo una actividad abstracta, sino un proceso biológico que depende directamente de la memoria. Lejos de ser un simple «almacén» de recuerdos, esta permite aprender, tomar decisiones y construir la experiencia que define cómo actuamos en el mundo.

«La memoria, de alguna manera, nos permite construir la experiencia«, explicó subrayando que cada decisión, desde elegir una película hasta relacionarnos con otros, está mediada por lo que recordamos.

A partir de ahí, la charla avanzó hacia la idea de que todo pensamiento tiene una base física. En el cerebro millones de neuronas se conectan entre sí formando redes dinámicas que cambian constantemente según lo que vivimos, aprendemos y olvidamos.

La memoria es mucho más que recordar

Uno de los puntos clave fue entender que la memoria no solo sirve para retener información, sino que cumple un rol activo en la vida cotidiana. Es lo que permite aprender contenidos, pero también evitar experiencias negativas, construir vínculos y tomar decisiones.

«Si ustedes recuerdan quién es una persona o si les gusta algo, pueden decidir si someterse o no a esa experiencia«, explicó Matus. En ese sentido, la memoria actúa como una guía permanente que orienta nuestras acciones.

Además, planteó que la memoria no es única sino que tiene distintos tipos, uno de ellos es la memoria declarativa, como recordar una fecha o un evento. Esta convive con la memoria procedimental, que permite realizar acciones como andar en bicicleta, incluso sin recordar cuándo se aprendieron.

Este matiz quedó claro al revisar casos históricos de la neurociencia, donde pacientes podían perder ciertos tipos de memoria, pero mantener otros, lo que evidencia que el cerebro distribuye estas funciones en distintas áreas.

El cerebro cambia con cada experiencia

Otro eje de la charla fue la plasticidad cerebral, que es la capacidad del cerebro de transformarse físicamente con la experiencia. Cada vez que aprendemos algo, las conexiones entre neuronas se fortalecen.

«Cuando ustedes hacen actividades que estimulan su cerebro, lo que ocurre es que se produce una transformación física de la neurona», explicó. Este proceso implica que las conexiones se vuelven más eficientes, lo que facilita recordar o repetir una habilidad en el futuro.

Por eso estudiar de forma constante o practicar una habilidad genera mejores resultados que hacerlo de manera intensiva en poco tiempo.

Incluso, esta plasticidad puede generar cambios visibles en el cerebro. Matus mencionó estudios donde ciertas áreas aumentan de tamaño en personas sometidas a entrenamientos intensos, como taxistas que deben memorizar rutas complejas.

Aprender, olvidar y volver a aprender

La charla también abordó el olvido. Así como el cerebro se fortalece al aprender, también se reorganiza cuando dejamos de usar cierta información o habilidad. Este mecanismo no es un error, sino una función necesaria para evitar la sobrecarga de información y mantener el sistema eficiente.

Esto explica por qué habilidades que no se practican tienden a debilitarse con el tiempo, aunque no desaparecen por completo. Existe una base que permite recuperarlas más adelante, aunque con mayor esfuerzo.

Finalmente, Matus destacó que la capacidad de aprender nunca se pierde, aunque sí cambia con la edad, enfatizando que el cerebro sigue siendo plástico, solo que necesita más estímulo para lograr los mismos cambios.


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