El futuro de la chinchilla: Los esfuerzos científicos para rescatar a un ícono en peligro crítico
Tiempo de lectura: 3 minutos Entre la actividad minera, la fragmentación de su hábitat y la crisis climática, investigadores y el Estado impulsan planes de recuperación para evitar la desaparición de esta especie.
En el territorio chileno habitan dos especies que se encuentran bajo amenaza: la chinchilla de cola larga (Chinchilla lanigera) y la chinchilla de cola corta o andina (Chinchilla chinchilla). Ambos roedores, famosos por la extraordinaria suavidad de su pelaje, comparten una historia lamentable.
Entre 1840 y 1916, se estima que más de 7 millones de pieles fueron exportadas desde puertos chilenos hacia Europa y Estados Unidos. Algunos investigadores sugieren que la cifra real de animales muertos superó los 20 millones.
«Las especies nunca lograron recuperarse completamente y durante mucho tiempo incluso se desconocía la existencia de nuevas colonias», detalla el Dr. Francisco Squeo, presidente del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB).
Hoy, aunque la caza está prohibida, la amenaza no ha cesado. Las chinchillas enfrentan un escenario complejo donde la degradación del hábitat, la depredación por especies exóticas y la crisis ambiental ponen a prueba su capacidad de supervivencia en las regiones del norte y centro-norte de Chile.
Dos especies, un mismo desafío de conservación
La chinchilla de cola larga es endémica de Chile y se distribuye principalmente en la Región de Coquimbo —con la Reserva Nacional Las Chinchillas en Illapel como su único reducto protegido—, extendiéndose también hacia zonas costeras de Atacama y Antofagasta.
Por otro lado, la chinchilla de cola corta es una habitante de las alturas. Se encuentra en sectores altoandinos, sobre los 4.000 metros de altitud. «Es una especie de alta montaña que tolera muy mal el cautiverio debido a su adaptación al frío extremo», explica Squeo.
Actualmente existe una propuesta de reclasificación de su estado de amenaza, pasando de «En Peligro Crítico» a «En Peligro». «Ese proceso actualmente se encuentra abierto a consulta pública, por lo que invitamos a la ciudadanía a revisar la información y entregar observaciones o nuevos antecedentes», menciona el investigador de la Universidad de La Serena.
Para el Dr. Pablo Valladares, académico de la Universidad de Tarapacá, el panorama sigue siendo preocupante. «Ambas especies están catalogadas todavía como críticamente en peligro. Si bien han aparecido nuevas colonias, las poblaciones son muy pequeñas y están aisladas unas de otras», advierte el biólogo.
El dilema de los nuevos hallazgos
Según Squeo, una de las mayores dificultades para la conservación de la chinchilla es su interacción con la industria. Gran parte de los nuevos registros de colonias en las regiones de Antofagasta y Atacama han surgido precisamente a partir de estudios de impacto ambiental vinculados a proyectos mineros.
«Las colonias que se están reportando últimamente están fuertemente vinculadas a terrenos de explotación minera«, señala Valladares, quien plantea que esto presenta un desafío ético y científico. Si bien existe una voluntad de las empresas por levantar información y tomar medidas precautorias, la presión antrópica sobre estos ecosistemas frágiles es intensa.
Para Valladares, el gran reto actual es la viabilidad genética. La fragmentación del hábitat impide que las colonias se conecten, lo que aumenta la endogamia y reduce la diversidad genética necesaria para enfrentar enfermedades o cambios en el entorno.
«Si hubiera una alta diversidad genética y tuvieran un buen potencial reproductivo, y una buena calidad espermática y supervivencia de crías, podríamos estar frente a una situación más optimista de que estas poblaciones se podrían recuperar», destaca el científico.
Para avanzar en esta tarea , el Zoológico Nacional y diversas universidades están ejecutando el Plan de Recuperación, Conservación y Gestión (RECOGE), que busca —en un plazo de 10 años— disminuir la categoría de amenaza de la chinchilla de cola corta mediante búsquedas sistemáticas y estudios de flujo genético.
«Ahora, el desafío es continuar investigando el tamaño de las poblaciones, su comportamiento y su dinámica genética. Es un tema todavía muy abierto y que requiere mucha más investigación científica«, concluye Squeo.