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Científicos identifican mecanismo clave detrás de la pérdida del olfato con la edad

Científicos identifican mecanismo clave detrás de la pérdida del olfato con la edad

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio liderado por investigadores de la Universidad Mayor descubrió cómo ciertos cambios epigenéticos contribuyen al deterioro de las neuronas olfativas durante el envejecimiento.

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La pérdida progresiva del olfato es uno de los cambios más comunes asociados al envejecimiento, pero hasta ahora se sabía poco sobre los mecanismos celulares que la provocan. Con el objetivo de entender este fenómeno, un equipo de investigadores de la Universidad Mayor estudió cómo envejecen las neuronas olfativas utilizando como modelo a la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster).

La investigación fue desarrollada en el Centro de Biología Integrativa de la Universidad Mayor y estuvo liderada por Francisco Muñoz, junto a Nicole Sanhueza, Mario Sanhueza y Felipe Court. El trabajo fue publicado en la revista científica eLife, reconocida internacionalmente.

«Decidimos estudiar el olfato porque es una de las funciones que se deteriora con la edad y, además, suele alterarse a causa de enfermedades neurodegenerativas como Parkinson y Alzheimer. El sistema olfativo nos ofrece una ventana muy interesante para entender cambios asociados al envejecimiento neuronal», explicó Francisco Muñoz, autor principal del estudio.

Una marca genética que acelera el deterioro

El equipo centró su investigación en la epigenética, disciplina que estudia los mecanismos capaces de activar o desactivar genes sin modificar la secuencia del ADN. Los científicos observaron que, a medida que las moscas envejecían, aumentaba una marca epigenética que silencia genes fundamentales para proteger las neuronas olfativas.

Este proceso afecta especialmente a las mitocondrias, estructuras responsables de producir energía para las células. Al perder estas defensas naturales, las neuronas tienen más dificultades para enfrentar el estrés asociado al envejecimiento, acelerando así su deterioro funcional.

Los investigadores identificaron además a la enzima dSetdb1 como una de las responsables de generar esta modificación genética. «Descubrimos que la enzima (dSetdb1) contribuye a generar esta ‘marca epigenética’. Entonces, cuando reducimos parcialmente su actividad en neuronas olfativas, observamos que las moscas envejecidas conservaban mejor su olfato«.

Un posible freno al envejecimiento neuronal

Los experimentos mostraron que disminuir la actividad de esta enzima fortalecía mecanismos celulares encargados de proteger las mitocondrias y mejorar la respuesta de las neuronas frente a distintos tipos de estrés.

«Al bloquear la cantidad de esta enzima, se fortalecía un mecanismo mitocondrial que ayuda a las neuronas a responder mejor frente a distintos tipos de estrés celular«, explicó Mario Sanhueza, uno de los investigadores responsables del estudio.

Aunque los resultados corresponden a investigación básica y todavía están lejos de una aplicación clínica en humanos, aportan evidencia sobre la posibilidad de intervenir ciertos procesos biológicos vinculados al envejecimiento cerebral.

Una pista para futuras terapias

Para los investigadores, este descubrimiento podría contribuir al desarrollo de nuevas estrategias destinadas a preservar la salud neuronal durante el envejecimiento y comprender mejor enfermedades neurodegenerativas.

«Nuestros resultados sugieren que, al menos, una parte del deterioro neuronal asociado a la edad podría ser modulable. Todavía falta mucho para trasladar esto a humanos, pero el hallazgo apunta a que el envejecimiento neuronal no es un proceso completamente irreversible», afirmó Francisco Muñoz.

En esa línea, Felipe Court, director del Centro de Investigación en Envejecimiento y Longevidad Saludable de la Universidad Mayor, destacó la relevancia de estudiar estos fenómenos en un país que enfrenta un rápido envejecimiento demográfico. «Investigaciones como esta nos permiten entender, a nivel celular, qué ocurre cuando envejecemos, y abren la puerta a pensar en estrategias para preservar la salud cerebral por más tiempo», concluyó.


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