Descubren cómo el ratón de orejas de hoja puede sobrevivir a 6.700 metros de altura
Tiempo de lectura: 2 minutos Un equipo internacional de científicos descubrió que el ratón de orejas de hoja andino evolucionó una musculatura y un metabolismo capaces de desafiar la falta de oxígeno y el frío extremo.
A más de seis mil metros de altura, en la cima del volcán Llullaillaco, el aire contiene menos del 50% del oxígeno disponible a nivel del mar y las temperaturas rara vez superan los cero grados. En este escenario, que para la mayoría de las especies resulta letal, habita el ratón de orejas de hoja andino (Phyllotis vaccarum), el mamífero registrado a mayor elevación en el planeta.
Una investigación, que tomó casi cinco años y fue publicada en la revista Science, identificó que la adaptación de este animal reside en su musculatura. Estos roedores han desarrollado una termogénesis por escalofríos altamente eficaz, lo que les permite mantener su temperatura interna mediante contracturas musculares involuntarias, una estrategia metabólica desarrollada para sobrevivir en la Puna de Atacama.
Mientras que otras especies modifican su hemoglobina para transportar mejor el oxígeno en condiciones de hipoxia, el ratón de orejas de hoja no lo hizo. El estudio revela que este ratón no ha modificado su hemoglobina, sino que ha evolucionado una mayor capacidad aeróbica mediada por mitocondrias más eficientes. Las mitocondrias funcionan como las «fábricas de energía» de las células, y en esta especie, permiten generar más calor corporal incluso cuando el oxígeno escasea.

Genes que neutralizan toxinas en las cumbres
Otro de los grandes enigmas de la expedición era la alimentación. En las cumbres de los volcanes de la Cordillera de los Andes, la vegetación es prácticamente inexistente a simple vista. Sin embargo, análisis de isótopos y metagenómica revelaron que estos animales mantienen una dieta 100% herbívora.
El equipo descubrió que un grupo específico de genes, la familia GSTM, ha sido clave en su adaptación local. Estos están implicados «tanto en la eliminación de moléculas tóxicas generadas por la falta de oxígeno como en la degradación de compuestos químicos presentes en las plantas», señala Guillermo D’Elía, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile (UACh) e integrante del estudio.
Esto significa que el Phyllotis vaccarum no solo evolucionó para no asfixiarse, sino también para neutralizar las toxinas de la escasa vegetación que consume.
A pesar de su vasta distribución —desde el nivel del mar hasta los 6.739 metros—, existe poca diferencia genética entre los ratones de tierras bajas y los de alta montaña, a excepción de estos genes específicos seleccionados por la naturaleza para enfrentar condiciones extremas.
Este hallazgo abre puertas a investigaciones aplicadas en medicina humana, como el desarrollo de terapias para tratar la hipoxia o mejorar la resistencia en condiciones extremas.