Estudio advierte el impacto del cambio climático en el megaincendio de Viña del Mar en 2024
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación determinó cómo la combinación entre cambio climático, especies exóticas y un deficiente ordenamiento territorial detonó la tragedia de febrero de 2024 en la Región de Valparaíso.
El incendio forestal de Las Tablas, registrado a inicios de febrero de 2024, dejó un saldo de 135 personas fallecidas y miles de viviendas destruidas en Viña del Mar y Quilpué. Para esclarecer los mecanismos detrás del desastre, un equipo de científicos del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), junto a especialistas de la Universidad de Concepción y la Universidad de California Merced, reconstruyó el comportamiento del fuego en un artículo publicado en la revista Journal of Pyrogeography.
El documento califica el evento como una conflagración urbana, es decir, un siniestro de avance veloz y destructivo que sobrepasa por completo la capacidad técnica de respuesta de los equipos de emergencia locales.
El informe destaca que el origen del comportamiento errático e incontrolable del fuego fue impulsado por la prolongada megasequía que golpea a la zona central desde 2010, exacerbada por intensas olas de calor y vientos secos. Aquella jornada, las temperaturas superaron en un 30% el promedio histórico y la humedad ambiental descendió por debajo del 30%, configurando la conocida condición de riesgo extremo «30-30-30».
«Cada vez son más frecuentes los días de calor extremo y baja humedad atmosférica, asociado a las olas de calor, lo cual sumado al viento predominante, genera condiciones idóneas para el desarrollo de eventos que pueden tener resultados desastrosos», explicó Manuela Penas, autora principal e investigadora de la PUCV.
La interfaz urbano-forestal
El crecimiento desregulado de la mancha urbana, el emplazamiento de campamentos en laderas de difícil acceso y el uso de materiales de construcción ligeros actuaron como aceleradores de la tragedia.
El académico Andrés Moreira puso énfasis en el peligro que reviste la interfaz urbano-forestal, franja donde coexisten viviendas y vegetación: «La planificación llega tarde, pero además está dejando porciones que son clave respecto a la propagación/ control de los incendios. (…) Aquellos sectores en donde la densidad de las viviendas es alta y la materialidad altamente combustible, se vuelven extremadamente vulnerables ante la ocurrencia de incendios».
Asimismo, los autores apuntaron a la acumulación irregular de residuos y al pasto estacional como combustibles críticos que facilitaron la propagación del fuego.
Adaptación urgente ante la era del fuego
La publicación concluye que Chile se encuentra inmerso en el Piroceno, una era dominada por incendios masivos derivados de la actividad humana y el calentamiento global.
Frente a este escenario inevitable, el geógrafo de la PUCV Luis Álvarez remarcó que las políticas públicas deben centrarse en los elementos donde sí es factible actuar: «Las condiciones que favorecen la ocurrencia de estos eventos son y van a ser cada vez más frecuentes (…). Es fundamental apuntar a aquellos componentes del riesgo sobre los cuales sí podemos incidir en la reducción de impactos negativos, como son el control del material combustible disponible, mecanismos de control del fuego (disponibilidad de agua, red de cortafuegos, accesibilidad para organismos), vías de evacuación y, en nuestra región sobre todo, avanzar en la solución habitacional definitiva y la reducción de las zonas con campamentos y tomas».