Estudio chileno busca mitigar las secuelas neurocognitivas del tratamiento contra el cáncer
Tiempo de lectura: 2 minutos Investigadores impulsan una batería de evaluaciones para detectar oportunamente el impacto cognitivo de la quimioterapia en Chile, buscando proteger la calidad de vida de los pacientes tras superar la enfermedad.
A medida que la medicina oncológica avanza, las tasas de supervivencia frente al cáncer han aumentado de forma sostenida a nivel global. No obstante, las proyecciones indican que hacia el año 2050 los diagnósticos de cáncer se incrementarán en más de un 66%, lo que elevará la demanda mundial de quimioterapias en más del 50% durante los próximos quince años.
En este nuevo escenario, la atención científica no solo apunta a erradicar los tumores, sino también a resguardar la calidad de vida de las y los sobrevivientes frente a las secuelas neurocognitivas que dejan los tratamientos.
Con el fin de abordar esta problemática en Chile, el académico e investigador de la Escuela de Psicología de la Facultad de Salud y Ciencias Sociales de la Universidad de Las Américas (UDLA), Gabriel Max Sepúlveda, encabeza un trabajo orientado a sistematizar, medir y visibilizar estas secuelas en el contexto nacional.
El impacto cognitivo
La literatura médica ha documentado las alteraciones cognitivas asociadas a las terapias oncológicas desde la década de 1980. Aunque sus efectos suelen ser de intensidad moderada y no configuran un deterioro cerebral generalizado, impactan de forma notoria la rutina cotidiana, el bienestar emocional y el reintegro laboral de los pacientes.
De acuerdo con Sepúlveda, el dominio neuropsicológico que resulta con mayor afectación tras la quimioterapia es la velocidad de procesamiento de información. «Se aprecian pacientes enlentecidos, con dificultades para realizar tareas cotidianas o para responder a evaluaciones estandarizadas», explicó el especialista en conversación con Jorge Lira en Sin Gravedad de Cooperativa Ciencia.
A esta condición se suman fallas en la memoria de trabajo, menor capacidad de atención sostenida y ciertas dificultades en el lenguaje, alteraciones que pueden intensificarse según el tipo de fármaco o cuando se utilizan vías de administración complejas como la quimioterapia intratecal en el sistema nervioso.
Hacia un protocolo de evaluación
Frente a la escasez de evidencia y herramientas validadas en la población chilena, el equipo de la UDLA, en conjunto con especialistas en neuropsicología y oncología de la Clínica Alemana, desarrolló una rigurosa revisión sistemática de literatura internacional.
La investigación busca proponer una batería clínica adaptada al país que incorpore tamizajes generales, pruebas objetivas por área cognitiva y cuestionarios de autopercepción, indispensables para contrastar el rendimiento efectivo con las dificultades percibidas por los usuarios.
Uno de los principales desafíos radica en diferenciar el daño biológico provocado por los fármacos de cuadros anímicos como el impacto traumático del diagnóstico, la depresión o los trastornos de ansiedad. Por esta razón, Sepúlveda enfatiza la urgencia de instaurar evaluaciones cognitivas basales antes de iniciar los ciclos y controles periódicos tras su finalización.
«Realizar una medición previa y posterior permite atribuir los cambios a la quimioterapia con mayor certeza y planificar una rehabilitación oportuna«, recalcó el investigador, agregando que relevar estos efectos adversos no busca desalentar las terapias, sino garantizar un estándar de atención integral y multidisciplinaria en la salud pública y privada de Chile.