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Camila Ojeda: La primera psicóloga sorda de Valparaíso que busca una salud mental inclusiva

Camila Ojeda: La primera psicóloga sorda de Valparaíso que busca una salud mental inclusiva

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Tiempo de lectura: 3 minutos La graduada de la Universidad de Playa Ancha busa derribar barreras de comunicación para abrir acceso psicoterapéutico a la comunidad sorda.

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El recorrido académico de Camila Ojeda Micieli, de 26 años, por la carrera de Psicología de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), no solo representa el cumplimiento de un anhelo personal, sino la apertura de un precedente en la historia de la educación superior de la región.

Al convertirse en la primera titulada sorda de la UPLA y en la primera psicóloga sorda de la Región de Valparaíso, la profesional irrumpe para reestructurar un modelo oyentecéntrico que históricamente ha relegado la atención psicológica de las personas con discapacidad auditiva.

Nacida en Asunción, Paraguay, su infancia estuvo marcada por la resiliencia y la movilidad internacional. Tras diagnosticársele sordera a temprana edad y enfrentar un intento fallido de implante coclear, su familia se radicó en Argentina para brindarle educación especializada en lectura labial. Posteriormente se establecieron en Chile, donde Camila aprendió la Lengua de Señas Chilena (LSCh) y descubrió su vocación.

Superar barreras comunicacionales

El ingreso de Camila a la educación superior en 2021 coincidió con la pandemia de COVID-19, lo que exigió un alto grado de autonomía y adaptación tecnológica.

Durante las clases virtuales y la posterior transición a la presencialidad, la estudiante se apoyó en la Unidad de Acompañamiento Estudiantil (UAE), aplicaciones móviles de transcripción de voz a texto y el trabajo conjunto con su intérprete de Lengua de Señas, Lenka Riquelme.

El uso de mascarillas en el aula y las evaluaciones escritas bajo tiempo limitado representaron desafíos complejos que la impulsaron a perfeccionar su gramática y recurrir, en ocasiones, a defensas orales mediante interpretación directa.

«A diferencia de una persona oyente, no puedo escuchar al profesor o profesora mientras escribo al mismo tiempo. Si el intérprete está comunicando y yo estoy observándolo, puedo perder información mientras intento tomar apuntes. Por eso, la aplicación de transcripción era muy útil para guardar la información y revisar el texto después. Además, cuando entregaba una evaluación escrita, solicitaba al profesor que me permitiera realizar una evaluación oral si no comprendía alguna respuesta, para que se evaluaran mis conocimientos y no únicamente aspectos gramaticales», explicó Camila en una entrevista concedida al portal de la Universidad de Playa Ancha.

Cerrar brechas

Moverse en un sistema de salud pensado para oyentes motivó a la profesional a enfocarse en la primera infancia, la neurodiversidad y la orientación familiar.

La falta de profesionales capacitados en cultura sorda suele provocar diagnósticos erróneos o distanciamiento en la relación terapéutica cuando depende exclusivamente de intermediarios.

«El acceso a la salud mental para las personas sordas continúa siendo limitado, principalmente debido a las barreras comunicacionales y a la falta de profesionales que dominen la Lengua de Señas. Es especialmente enriquecedor que un profesional sordo conozca la cultura sorda, haya vivido experiencias similares y, al mismo tiempo, posea conocimientos teóricos y técnicos propios de su profesión. Mi objetivo es contribuir a que la atención psicológica no dependa exclusivamente de un intérprete, sino que existan profesionales preparados para comunicarse directamente con sus pacientes», afirmó la psicóloga de la UPLA.

Propuestas para la inclusión superior

Frente al panorama de la educación universitaria, Ojeda enfatizó la necesidad de capacitar a los docentes en sensibilización, garantizar intérpretes estables y adaptar previamente las dinámicas de las prácticas profesionales para evitar que los estudiantes comiencen desde cero explicando sus requerimientos.

A futuro, la profesional proyecta especializarse en las áreas clínica, educacional y jurídica-forense, con el propósito de adaptar pruebas psicométricas y capacitar a equipos de salud multidisciplinarios.

«Ser la primera estudiante sorda fue un camino agotador porque la universidad no contaba con todas las herramientas necesarias y yo tenía que explicar constantemente mis necesidades. Espero que mi experiencia sirva para generar reflexión en los profesionales de la salud. A los jóvenes sordos que sueñan con una carrera les digo que busquen apoyo, conozcan sus derechos y confíen en sus capacidades«, concluyó Camila Ojeda.


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