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Javiera Atenas: «Los datos cuentan historias»

Javiera Atenas: «Los datos cuentan historias»

Javiera Mateluna Cuadra,

Tiempo de lectura: 3 minutos La académica titular de mejora del aprendizaje de la Universidad de Suffolk, conversó con Cooperativa Ciencia sobre la importancia de fomentar las prácticas de investigación en universitarios. «La motivación tiene que partir por un cambio cultural y curricular en la universidad. Es el cambio de pensar como un investigador desde el primer año universitario», asegura la experta en ciencia abierta.

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Vivimos en una época donde los datos son generados velozmente a gran escala. Le llaman la era del «Big Data». El desarrollo del internet y las tecnologías han permitido democratizar la información, que está disponible y al alcance de los ciudadanos. Sin embargo, el dilema está en fomentar el pensamiento crítico de la sociedad en relación a los datos, porque una ciudadanía informada puede tomar decisiones de manera consciente.

Así lo plantea la académica titular de mejora del aprendizaje de la Universidad de Suffolk y Senior Fellow de la Academia Británica de Educación Superior, Javiera Atenas, quien llegó a Chile para dictar dos charlas organizadas por el InES Ciencia Abierta de la Universidad Central. La experta en ciencia abierta conversó con Cooperativa Ciencia sobre la importancia de fomentar las prácticas de investigación en la ciudadanía, especialmente, en universitarios.

«Si pensamos las condiciones en las que los estudiantes deben aprender y manejarse en la sociedad de la información, tenemos que generar instancias para que ellos también puedan trabajar con aquel insumo básico con el que trabajan quienes toman decisiones a nivel de ciencia y política pública. Hay que hacer el puente entre conocimiento, universidad y sociedad«, señala la doctora en Educación.

– ¿Por qué es importante que desde los inicios del pregrado universitario se comience a desarrollar la investigación?

La universidad tiene un deber de formar ciudadanía crítica. Para que la gente pueda participar en los procesos democráticos tiene que entender cómo se genera el conocimiento y cómo se toman decisiones. Si puedo analizar los datos en crudo, me permite tomar decisiones informadas.

– ¿Cómo motivar a los estudiantes a investigar?

La motivación tiene que partir por un cambio cultural y curricular en la universidad. Es el cambio de pensar como un investigador desde el primer año universitario. La idea es que la metodología de investigación se haga antes de lo que se hace actualmente. Estamos usando la didáctica del siglo XIX para competir contra tecnologías del siglo XXI.

– Muchas pasa que los estudiantes tienen ideas de cosas que les interesa indagar, pero ¿cómo «aterrizarlas» para iniciar una investigación?

Las personas son investigadoras innatas. Uno es curioso por naturaleza, y fomentar esa curiosidad en la universidad es importante. Si te gusta un tema síguelo, si te gusta investigar intenta saber más. Busca fuentes pero también espacios para discutir tus intereses con el otro.

Brecha digital

– Actualmente vemos un gran volumen de contenido desinformativo y/o de fuentes no fidedignas. ¿Cuáles son los desafíos para una práctica investigativa ética?

Yo creo que el trabajo con la ética va más allá de si el dato es o no fidedigno. Es la interpretación que hacemos y a mí me gusta mucho hablar de la ética como una metodología en sí misma. De cómo voy a recolectar el dato, cómo los voy a etiquetar y cómo voy a narrar la historia que surge de esos datos. Los datos no solo nos entregan un insumo numérico, nos cuentan historias y esas historias hay que contarlas. Si un dato no es válido, si está extraño, puedes usar otro set de datos, pero el problema es cuando la pregunta de investigación está mal planteada y cuando el metadato o la forma en que nos referimos a otra persona está llena de prejuicios.

– ¿Cómo acceder a los datos que no están disponibles de primera mano?

Si el dato no existe, tengo dos opciones. La primera, genero una herramienta para recolectar datos, como lo que hacemos los investigadores cuando trabajamos en proyectos de investigación. Y la segunda, los abro para que otro grupo de investigación pueda usarlos o utilizo datos que ya están abiertos. El proceso ciudadano para aprender a solicitarlos es interesante. La gente no sabe que tiene derecho de acceder a la información pública. Los datos son fuentes accesibles.

– ¿Cuáles son los desafíos para que las personas no solo accedan a los datos, sino que también logren interpretarlos y analizarlos?

Hay que mejorar las habilidades matemáticas. Tiene que ver con estadísticas para la vida, es entender cómo los números dirigen acciones. Analizar los datos implica interpretar la información para ver si lo que se está haciendo en centros de investigación o toma de decisiones tiene una validez, porque la manipulación numérica genera espacios de corrupción. Pero cuando se van a analizar los datos se tiene que pensar en cómo se van a narrar esos datos. Las narrativas de los datos pueden llegar a marginar comunidades que ya están marginadas. Podríamos llegar a marginar a grupos, por lo tanto, aprender a contar historias me permite mitigar sesgos y evitar profundizar en marginalizaciones sistemáticas a grupos vulnerables.

– Pero además de una brecha matemática, también existe una brecha digital que dificulta acceder a los datos…

La brecha digital se amplió mucho durante la pandemia. Quienes tenían más acceso a dispositivos tenían más acceso a la información. La pobreza ha generado una brecha social que va más allá de entender la tecnología. Tiene que ver con ampliar el espacio entre quienes tienen acceso a la información de forma inmediata, y poder analizarla y entenderla. Hay un grupo que se está quedando atrás y eso es una responsabilidad de la sociedad de acortar esa brecha en acceso a tecnologías y alfabetización digital.


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