En vivo 🟠 SEÑAL ONLINE

¿Por qué valoramos más lo que nos cuesta conseguir? Esto es lo que dice la ciencia

¿Por qué valoramos más lo que nos cuesta conseguir? Esto es lo que dice la ciencia

Cooperativa Ciencia,

Tiempo de lectura: 2 minutos Investigadores de la Universidad de Stanford descubrieron que el mecanismo químico responsable de la satisfacción personal es la acetilcolina, encargada de regular la liberación de dopamina según el esfuerzo invertido en una meta.

Comparte:

Pareciera ser que cuanto más cuesta alcanzar un objetivo, más se disfruta el éxito. Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, explica que esto se debe a que el cerebro está programado para valorar más aquello que exige un mayor esfuerzo personal, utilizando la dopamina y la acetilcolina como protagonistas de este sistema de recompensa.

Luego de analizar pruebas con ratones, los científicos observaron que al aumentar la dificultad para obtener una recompensa, la liberación de dopamina fue significativamente mayor que cuando el premio se entregaba de forma gratuita.

«Tomamos decisiones erróneas basadas en lo que hemos invertido en algo, incluso si la probabilidad de obtener una ventaja objetiva es cero», explica el líder del grupo investigador, Neir Eshel. Este fenómeno, que en economía se conoce como la falacia de los ‘costes hundidos’, tiene una raíz biológica. Según los experimentos realizados, el cerebro no solo libera dopamina ante el premio, sino que la cantidad de esta sustancia en el estriado (región cerebral clave para la motivación) aumenta proporcionalmente al esfuerzo realizado para conseguirlo.

¿Deseo o gusto?

La dopamina es conocida popularmente como la hormona del placer, pero su función principal es impulsar el deseo y la repetición de conductas. Es la base del aprendizaje y la formación de hábitos. Sin embargo, los investigadores advierten que hay una diferencia sutil pero crucial entre «desear» algo y que eso realmente «nos guste».

Por otro lado, la acetilcolina fue identificada como el regulador maestro de este proceso. Si la dopamina es el motor de la motivación, la acetilcolina actúa como el contador que mide el «precio» pagado por el individuo. Esta sustancia química cerebral es la encargada de ajustar la intensidad de la señal de placer en función del sacrificio invertido.

Desde una perspectiva evolutiva, este mecanismo tiene un sentido de supervivencia fundamental. En entornos donde los recursos son escasos y difíciles de conseguir, el cerebro necesita un estímulo extra para persistir. «Dado que la dopamina refuerza comportamientos previos, esta liberación extra podría animarnos a pagar esos costes tan elevados en el futuro», señala el Dr. Eshel.


Te puede interesar