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Descubren un nuevo tipo de planeta con océanos de magma y azufre a 35 años luz

Descubren un nuevo tipo de planeta con océanos de magma y azufre a 35 años luz
Crédito: Mark A. Garlick / markgarlick.com

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Tiempo de lectura: 2 minutos Gracias al telescopio James Webb, científicos de la Universidad de Oxford descubrieron un mundo envuelto en gases tóxicos y con un interior fundido que desafía lo que se sabe sobre la formación planetaria.

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Un estudio publicado en la revista Nature Astronomy confirmó el hallazgo de una nueva clase de planeta que se aleja de cualquier categoría conocida hasta ahora. No se trata de una «supertierra» rocosa convencional o una «enana gaseosa» rica en hidrógeno, sino de un mundo caracterizado por albergar cantidades masivas de azufre y un océano permanente de magma en sus profundidades.

El protagonista de este descubrimiento es el exoplaneta L 98-59 d, un cuerpo celeste que orbita una estrella situada a unos 35 años luz de la Tierra. Con un tamaño de 1,6 veces el de la Tierra, este mundo llamó la atención de los investigadores por su densidad sorprendentemente baja, un enigma que comenzó a resolverse tras analizar los datos captados por el Telescopio Espacial James Webb (JWST) y diversos observatorios terrestres.

Lo que hace que L 98-59 d sea único es su composición interna y atmosférica. Según los modelos climáticos y geológicos desarrollados por el equipo internacional, el manto de este planeta no es sólido, sino que está compuesto principalmente por silicatos fundidos, similares a la lava terrestre. Este «océano global de magma» se extendería por miles de kilómetros bajo la superficie, actuando como un gigantesco reservorio de azufre.

El enigma del océano de magma y el azufre

La presencia de este elemento químico es fundamental para entender el comportamiento del planeta. Las observaciones del James Webb detectaron dióxido de azufre y sulfuro de hidrógeno en su atmósfera densa. «Este gigantesco reservorio fundido actúa como un almacén de azufre, capaz de retenerlo durante escalas de tiempo geológicas», explican los investigadores en el estudio.

Habitualmente, los gases en planetas tan cercanos a su estrella anfitriona se perderían en el espacio debido a la radiación extrema. Sin embargo, en L 98-59 d existe un intercambio químico constante entre el interior fundido y la atmósfera. Este ciclo permite que el planeta conserve su densa envoltura gaseosa rica en azufre a pesar del castigo radiativo de su sol, manteniendo estas propiedades durante casi cinco mil millones de años.

Un mundo que desafía la clasificación planetaria

El autor principal del estudio, Harrison Nicholls, investigador de la Universidad de Oxford, señaló que este hallazgo obliga a la comunidad científica a replantearse las categorías con las que son clasificados los mundos fuera del Sistema Solar. Hasta hoy, los planetas pequeños solían dividirse en mundos rocosos con atmósferas delgadas o mundos ricos en agua y hielo. L 98-59 d rompe este binarismo.

Aunque las condiciones extremas de este planeta —un océano de lava y una atmósfera cargada de gases tóxicos— hacen que sea prácticamente imposible la existencia de vida tal como se la conoce, su valor científico revela que la diversidad de mundos en la Vía Láctea es mucho mayor de lo proyectado.

Este descubrimiento fue posible gracias a la precisión del espectrógrafo del James Webb, que permitió identificar las firmas químicas del azufre en 2024. Los astrónomos esperan que este sea solo el primero de muchos «mundos de azufre» por descubrir. Misiones de la Agencia Espacial Europea (ESA) como Ariel y PLATO se sumarán a la tarea de analizar cientos de exoplanetas, buscando entender mejor su evolución y, eventualmente, predecir cuáles de ellos podrían reunir condiciones de habitabilidad.


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