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Este miércoles despegará la misión que llevará microorganismos chilenos al espacio

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Tiempo de lectura: 2 minutos Este miércoles 8 de abril se lanzará rumbo a la Estación Espacial Internacional (EEI) un experimento que busca comprender cómo microorganismos del desierto y la Antártica sobreviven a la radiación y la microgravedad extrema en el espacio exterior.

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En un hito para la investigación nacional, una serie de microorganismos extremófilos recolectados en el Desierto de Atacama y el territorio antártico despegarán este miércoles 8 de abril rumbo a la Estación Espacial Internacional (EEI) a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX. El objetivo de la misión, coliderada por la Dra. Jenny Blamey, es descifrar los mecanismos biológicos que permiten a estos seres vivos resistir condiciones extremas, una información clave para la futura sustentabilidad de la vida en la Luna y las misiones tripuladas a Marte.

La Dra. Blamey, directora científica de la Fundación Biociencia e investigadora de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), participa como coinvestigadora en esta misión que pone a prueba la resiliencia de la biodiversidad chilena. Los experimentos forman parte de una colaboración coordinada por el Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL) de la Universidad de Chile, que integra diversas áreas del conocimiento.

Uno de los protagonistas de esta travesía es el Deinococcus atacamensis, un microorganismo cuya forma ha captado la atención por su similitud con una marraqueta. Sin embargo, su importancia científica radica en su capacidad de supervivencia: puede tolerar niveles de radiación superiores a los 20.000 gray, una cifra que supera en más de mil veces la dosis letal para un ser humano.

La resistencia a la radiación gamma

«Es el microorganismo reportado que más resiste radiación gamma y también un nivel importante de radiación ultravioleta», explicó la Dra. Blamey. La científica se mostró optimista sobre los resultados de la misión: «Yo esperaría, a la luz de los experimentos que hemos realizado aquí en la Tierra, que volviera con vida o que resistiera a las condiciones que hay en el interior de la EEI».

Los extremófilos viajan tanto en medios de cultivo líquidos como liofilizados. Durante su estadía en la estación orbital, los investigadores monitorearán cómo se adaptan a la microgravedad y a los constantes bombardeos de radiación espacial, factores que son clave para entender los límites de la vida tal como la conocemos.

Innovación tecnológica

El cargamento chileno en la EEI incluye pruebas genéticas, materiales avanzados y evaluaciones del comportamiento eléctrico del grafeno en el ambiente espacial. Estas pruebas buscan medir el desempeño de instrumentos de campo magnético y radiación, componentes esenciales para el desarrollo de tecnología satelital y exploración planetaria.

La investigación se enmarca en el Proyecto Anillo ATE220057 y el Fondecyt Regular 1251703, involucrando a la USACH, la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la PUCV. Además, el proyecto ha recibido el apoyo de organismos nacionales como ANID, INACH y CORFO, junto con la colaboración de la AFOSR de Estados Unidos.

Se espera que los experimentos permanezcan en la EEI durante seis meses. Entre septiembre y octubre de este año, las muestras regresarán a la Tierra para ser analizadas en el Laboratorio de Extremófilos de la USACH y en la Fundación Biociencia. Los resultados podrían arrojar luces sobre cómo proteger a futuros astronautas y cómo desarrollar sistemas biológicos autosustentables fuera del planeta.

El compromiso chileno con el espacio no termina aquí. Para el próximo 11 de mayo, ya se prepara una nueva misión liderada por la Dra. Blamey, donde seis microorganismos serán expuestos directamente a las condiciones del espacio exterior durante ocho meses.


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