Experimento con heces descubrió que, tras enfermar, los macacos se vuelven más precavidos
Tiempo de lectura: 3 minutos Como los humanos, muestran recelo hacia potenciales fuentes de infección, aun si al hacerlo deben evitar alimentos que les encantan, como el maní.
Igual que muchas personas limpiaban los alimentos con desinfectante al comienzo de la pandemia de Covid, cuando aún no se conocía del todo cómo se propagaba, los macacos se vuelven recelosos con la comida tras haber padecido un virus.
Así lo comprobó un experimento realizado en Texas, Estados Unidos, cuyas conclusiones recoge la revista de la Royal Society de Londres.
El estudio surgió a raíz de un brote de retrovirus simio de tipo II que ocurrió en 2020 en un santuario de primates. El recinto alberga varios grupos de macacos japoneses y, como la enfermedad se transmitía principalmente por mordeduras y arañazos, el equipo veterinario separó a los animales y los puso en cuarentena.
Algunos ejemplares enfermaron de forma grave, otros murieron, y otros convivieron con los enfermos sin llegar ellos mismos a contagiarse. Los investigadores quisieron determinar si la experiencia había alterado su comportamiento.
Una oferta «tentadora»
En el experimento, los macacos fueron separados en cuatro grupos: tres que habían sufrido el brote, y uno que no. A continuación, se realizaron pruebas a 55 individuos para observar cómo respondían a la elección entre comida de su gusto sobre una superficie de madera limpia, y comida colocada sobre una superficie cubierta con heces reales de otros macacos, pero separadas y selladas bajo una capa de plástico transparente.
En algunas pruebas, la superficie limpia se sustituyó por una esponja de colores vivos para determinar si los animales simplemente evitaban los objetos desconocidos o directamente eludían el contacto con las heces de otros animales, aunque estuvieran cubiertas y no pudieran ni olerlas ni contagiarse.
Investigaciones anteriores ya habían demostrado que los macacos no se ven necesariamente disuadidos por la contaminación cuando la recompensa es tentadora: los ejemplares salvajes siguen comiendo maní desde una superficie cubierta de heces, pero la evitan si se trata de alimentos menos sabrosos, como granos de trigo.
«Sistema inmunitario conductual»
En este experimento, sin embargo, no hubo recompensa capaz de hacerlos asumir riesgos: los macacos de los tres grupos que habían sufrido el virus -contagiándose o no- rehuían comer de superficie con las heces cubiertas por plástico. En cambio, los macacos del grupo que no padeció la infección sí comieron de la superficie con heces en el 79 por ciento de los casos.
«Esto sugiere que el cambio de comportamiento está asociado al hecho de haber vivido el brote, más que a haber padecido realmente la enfermedad», señaló Stephan Kaufhold, autor del estudio e investigador de la Universidad de California San Diego.
Pese a que el virus no se propagó a través de alimentos contaminados, sino de sangre y saliva por mordeduras y arañazos, tanto los macacos sobrevivientes como los que vieron enfermar a sus congéneres se mostraron reacios a comer alimentos sobre una superficie que daba la impresión de estar contaminada.
«Este hecho demuestra que los cambios en la evitación de patógenos que dependen de la experiencia no son exclusivos de los seres humanos«, explica Kaufhold.
Ambas clases de simios compartimos lo que científicos llaman «sistema inmunitario conductual»: un conjunto de comportamientos que se activan con la sospecha y que ayudan a evitar infecciones antes de que el propio organismo tenga que entrar en acción.
La «evitación» se aprende, pero los humanos son malos maestros
En un estudio adicional publicado dentro del mismo artículo, los investigadores descubrieron que la evitación de patógenos está relacionada con experiencias de la primera infancia.
Evaluaron a 54 macacos de siete especies con diferentes antecedentes de crianza: santuarios, zoológicos, laboratorio y mascotas, y descubrieron que estos últimos -que crecieron conviviendo con humanos y no con monos- eran significativamente más propensos a comer comida contaminada.
«Una posibilidad es que no tuvieran oportunidad de aprender de sus madres y de otros macacos, en las primeras etapas de su vida, los comportamientos típicos de evitación de patógenos», señaló Kaufhold.