Caroline Herschel: La «sirvienta» que se convirtió en la primera astrónoma profesional
Tiempo de lectura: 2 minutos Caroline Herschel descubrió ocho cometas, catalogó miles de nebulosas y fue la primera mujer en la historia en recibir un salario por su labor científica.
La historia de la astronomía suele destacar grandes nombres masculinos, pero en los cimientos de la cartografía celeste moderna se encuentra una figura femenina fundamental: Caroline Herschel. Nacida en 1750 en Hannover, Alemania, su camino hacia las estrellas no fue sencillo. Tras sobrevivir al tifus en su infancia —enfermedad que detuvo su crecimiento en 1,30 metros—, su familia la relegó a tareas domésticas, asumiendo que nunca se casaría ni tendría una carrera.
Su destino cambió en 1772 cuando se trasladó a Inglaterra para ayudar a su hermano, William Herschel, el descubridor del planeta Urano. Aunque comenzó puliendo espejos y realizando cálculos matemáticos, Caroline demostró destreza en la observación del firmamento.
En 1782, Caroline comenzó a registrar sus propias observaciones en un cuaderno de bitácora. Su dedicación dio frutos rápidamente: en 1786 se convirtió en la primera mujer en descubrir un cometa, un hito que repetiría siete veces más durante la siguiente década. Entre sus hallazgos destaca el cometa periódico 35P/Herschel-Rigollet.

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Del pulido de espejos al descubrimiento de cometas
Su trabajo no pasó desapercibido para la corona británica. En 1787, el rey Jorge III le otorgó una pensión anual de 50 libras como asistente de su hermano. Este acto la convirtió oficialmente en la primera mujer en la historia en ser reconocida y remunerada profesionalmente por su labor científica.
Caroline presentó a la Royal Society un índice de John Flamsteed —Primer Astrónomo Real, líder de la creación del Real Observatorio de Greenwich y autor del catálogo estelar Atlas Coelestis—, corrigiendo errores y añadiendo 560 estrellas que habían sido omitidas del Catálogo Británico. Su capacidad para sistematizar el caos del cielo nocturno permitió a los astrónomos de la época —y a los actuales— navegar por el cosmos con una precisión sin precedentes.
Un legado que vive en la astronomía moderna
Tras la muerte de su hermano William en 1822, Caroline regresó a Alemania, donde completó la catalogación de 2.500 nebulosas y numerosos cúmulos estelares. En 1828, a los 77 años, la Sociedad Astronómica le otorgó su medalla de oro, un reconocimiento que pocas mujeres alcanzarían en los siglos venideros.
El trabajo de Herschel permitió reorganizar el catálogo de observaciones de su hermano de una forma tan eficiente que sirvió como base para el Nuevo Catálogo General (NGC), la herramienta que los astrónomos profesionales y aficionados de todo el mundo siguen utilizando para localizar objetos en el espacio profundo.
Hoy, la comunidad científica internacional reconoce el impacto de su trabajo. Diversos objetos astronómicos y hasta un satélite llevan su nombre, el ÑuSat 10, también conocido popularmente como «Caroline», que fue lanzado en 2020. No obstante, su historia da cuenta de las barreras que enfrentaron las mujeres en la ciencia: durante años, muchos de sus logros fueron atribuidos a su hermano o publicados bajo su nombre.