Ernestina Pérez: La médica chilena que desafió los prejuicios y transformó la salud pública
Tiempo de lectura: 3 minutos Ernestina Pérez, no solo fue de las primeras mujeres en titularse como médico en América Latina, sino que también se convirtió en una eminencia internacional de la ginecología y una férrea defensora de la higiene social.
El 10 de enero de 1887, Ernestina Pérez Barahona recibió su título de médico cirujana, apenas una semana después que su compañera de aulas, Eloísa Díaz. En una época donde potencias como Prusia prohibían el ingreso femenino a las aulas universitarias, Chile abría camino, permitiendo que estas pioneras desafiaran las barreras de género bajo el amparo del célebre Decreto Amunátegui de 1877.
Nacida en Valparaíso en 1868, Ernestina Pérez demostró altas capacidades intelectuales al rendir sus exámenes de Bachillerato y del primer año de medicina el mismo día. Su vocación, forjada tras la pérdida de una hermana, la llevó a destacar rápidamente en la Universidad de Chile, donde se graduó con una memoria titulada «Higiene Popular», un preludio de lo que sería su compromiso con la salud pública.
Tras titularse, y con solo 18 años, el Gobierno de Chile le otorgó una beca para perfeccionarse en Europa, tras imponerse en un concurso frente a otros 18 candidatos. Su destino fue la Universidad Federico Guillermo en Berlín, Alemania. Sin embargo, el camino no fue sencillo: en el país germano las mujeres aún tenían prohibido el ingreso a la educación superior.

Créditos: U. de Chile
De las aulas chilenas a Alemania
Gracias a gestiones diplomáticas, se le permitió asistir a clases, aunque con una restricción que plasmaba el prejuicio de la época: debía escuchar algunas lecciones sentada detrás de un biombo para no distraer o «incomodar» a sus compañeros varones. Pese a esto, su brillo académico fue tal que terminó siendo nombrada miembro de la Academia de Medicina de Berlín, un honor inédito para cualquier profesional sudamericano de la época.
A su regreso a Chile en 1891, fue nombrada médico del Hospital San Borja y profesora de matronas, trayendo consigo los últimos avances en obstetricia y ginecología tras su paso por París.

Créditos: U. de Chile
El combate contra el corsé
Ernestina Pérez entendió que la medicina no solo se ejercía en el quirófano, sino también a través de la educación. Fue una prolífica autora de textos de divulgación científica, abordando temas que iban desde la anatomía del cráneo hasta la puericultura.
Uno de sus aportes más curiosos y valientes fue su crítica a la moda de la época. En 1904, presentó su trabajo «Higiene del Corsé», donde denunciaba científicamente cómo esta prenda deformaba las costillas y dañaba los órganos internos de las mujeres, abogando por el uso de vestimentas holgadas en una sociedad que privilegiaba la estética sobre la salud.
Su legado también se extendió a la lucha contra el alcoholismo, la tuberculosis y la mortalidad infantil. Como primera presidenta de la Asociación de Mujeres Universitarias, promovió la educación sexual obligatoria en los colegios, una postura revolucionaria para 1925.
Hoy, la figura de Ernestina Pérez es recordada no solo como una pionera que abrió puertas a las futuras científicas chilenas, sino como una profesional cuya dedicación —especialmente durante la epidemia de cólera en Valparaíso que le valió el título de Hija Ilustre— sentó las bases de la salud pública moderna en Chile.