«Sherplants»: El secreto de la vegetación en el extremo sur para enfrentar el cambio climático
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio internacional propone utilizar la resistencia de especies de la Antártica y el Desierto de Atacama como modelo para desarrollar cultivos capaces de soportar crisis hídricas y temperaturas extremas.
En el escenario global marcado por sequías prolongadas y una crisis climática que amenaza la vegetación, zonas como la Antártica, el Desierto de Atacama y el Himalaya se han convertido en laboratorios naturales para entender la resiliencia vegetal en condiciones extremas.
Una reciente revisión internacional, publicada en Journal of Experimental Botany, sistematizó más de diez años de expediciones en estos entornos. El estudio contó con la participación de los investigadores del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), Patricia Sáez (Universidad de La Frontera) y Lohengrin Cavieres (Universidad de Concepción), quienes han dedicado años a descifrar los mecanismos de adaptación de la flora en ambientes extremos.
«Sherplants»: Plantas que imitan la resistencia
Inspirados en la asombrosa capacidad física de los sherpas del Himalaya para escalar grandes alturas, los autores del estudio acuñaron el término «sherplants» para definir plantas capaces de soportar niveles críticos de radiación, sequía, altitud y frío extremo.
«La vida necesita agua, oxígeno y una temperatura adecuada. Entonces surge la pregunta de cómo estas plantas logran vivir en esos lugares. Estas adaptaciones tienen un trasfondo genético que permite, por ejemplo, que especies del Desierto de Atacama sobrevivan con mínima hidratación, o que plantas de la Antártica enfrenten veranos gélidos», explica el Dr. Cavieres.
En la Antártica, por ejemplo, los investigadores detectaron que las plantas mantienen su rendimiento fotosintético a pesar de las bajas temperaturas constantes, gracias a una coordinación excepcional entre la fijación de CO₂ y el transporte de agua. Por otro lado, en el norte de Chile, el tamarugo (Strombocarpa tamarugo) destaca por combinar una tolerancia extrema al estrés hídrico con una alta capacidad productiva, rompiendo los paradigmas de la fisiología vegetal tradicional.
«Shercrops», el futuro de la seguridad alimentaria
El objetivo de estudiar estas especies no es puramente teórico. La investigadora Patricia Sáez destaca que identificar los rasgos y genes de estas «sherplants» es una herramienta potencial para desarrollar los llamados «shercrops», cultivos que combinen un alto rendimiento con una resistencia múltiple al estrés ambiental.
«En el contexto de cambio global y mayor necesidad de alimentos, estas plantas nos ofrecen aprendizajes valiosos sobre resiliencia», señala Sáez, quien además advierte que zonas como el Ártico, la Antártica y las altas montañas son las más vulnerables al calentamiento global, por lo que entender su respuesta biológica es urgente para la conservación y la biotecnología aplicada.
Según Cavieres, el propósito es comprender los mecanismos genéticos y fisiológicos ya presentes en la naturaleza para activar respuestas similares en cultivos tradicionales, permitiéndoles enfrentar heladas o sequías sin perder su productividad.