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Investigadores redescubren el coral de Wellington en las Islas Galápagos

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un equipo internacional, con participación de investigadores de la Universidad Católica (UC), localizó ejemplares del coral solitario de Wellington en las Islas Galápagos, una especie que no se veía desde 2006.

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Tras casi dos décadas de incertidumbre, el coral solitario de Wellington (Rhizopsammia wellingtoni), una especie endémica de las Islas Galápagos y declarada en peligro crítico de extinción, volvió a ser documentado por la ciencia. El hallazgo fue realizado por un equipo internacional integrado por investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC), la Universidad de Florida y la Fundación Charles Darwin, quienes localizaron colonias vivas en la zona mesofótica del archipiélago, a más de 60 metros de profundidad.

Este descubrimiento forma parte del trabajo del Núcleo Milenio para la Ecología y Conservación de los Ecosistemas de Arrecifes Mesofóticos Templados (NUTME), que busca entender cómo los ecosistemas profundos pueden proteger a la biodiversidad del calentamiento global y la actividad humana.

El coral de Wellington sufrió una disminución drástica de su población entre 1976 y 1999, debido principalmente a los efectos de los eventos extremos de El Niño. Desde 2006, la comunidad científica temía por su desaparición total en las zonas someras. Sin embargo, la expedición realizada en 2024 demostró que la especie ha logrado persistir en lo que se conoce como arrecifes mesofóticos.

El refugio de los arrecifes mesofóticos

«Estábamos buceando a 62 metros de profundidad y encontramos este coral. Lo vi muy diferente, no había visto nada similar», relata Alejandro Pérez Matus, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas UC y director de NUTME. Según los investigadores, estas zonas —ubicadas entre los 30 y 150 metros de profundidad— presentan condiciones térmicas más estables, manteniéndose bajo los 17 grados Celsius, lo que protege a especies sensibles a las variaciones de temperatura en la superficie.

Para Vladimir Garmendia, estudiante de doctorado UC y miembro del equipo, el hallazgo fue una sorpresa histórica: «El profesor Jon Witman, quien lleva décadas en Galápagos, fue el primero en identificarlo al subirlo al bote. Fue el cierre perfecto para la expedición, confirmando que estos arrecifes semi profundos actúan como un refugio ecológico».

Implicancias para la conservación en Chile y el mundo

A través de NUTME, los investigadores han implementado diseños de muestreo similares en la costa chilena, desde Iquique hasta la Patagonia, incluyendo zonas como Chañaral de Aceituno en la Región de Atacama. Los resultados sugieren que este fenómeno de «migración» a las profundidades también ocurre con especies locales afectadas por la pesca y el cambio climático.

«En Chile hemos documentado que la biomasa y diversidad de peces de roca aumenta en estas zonas profundas, porque dejan de ser presa fácil para la pesca a los 40 o 60 metros», detalla Garmendia. Esta evidencia plantea un desafío para las políticas públicas: actualmente, la mayoría de las figuras de protección marina no contemplan los ecosistemas más allá de los 30 metros de profundidad.

Para explorar estos entornos, el equipo utiliza sistemas de circuito cerrado (rebreathers), cámaras remotas (BRUVs) y estructuras de monitoreo autónomo (ARMS). «Estamos expandiendo nuestra comprensión ecológica. Estos ecosistemas están ahí mismo, a solo unos metros más abajo, albergando una diversidad que desconocíamos», concluye Pérez Matus.


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