Del fuego al hielo: Cómo los científicos detectan carbono negro en la Antártica
Tiempo de lectura: 2 minutos El carbono negro emitido por incendios en Australia, la Patagonia o la Amazonia puede viajar miles de kilómetros y depositarse sobre la nieve Antártica; científicos de la zona monitorean estas partículas para medir su impacto.
El humo de los incendios forestales no se queda en el lugar donde se origina. Impulsadas por corrientes atmosféricas de gran escala, partículas microscópicas como el black carbon, o carbón negro, pueden atravesar océanos y alcanzar incluso la Antártica.
Estudios muestran que estas cenizas oscurecen la nieve y reducen su capacidad de reflejar la radiación solar. El resultado es mayor absorción de calor y aceleración del derretimiento superficial.
En la península Antártica, equipos científicos monitorean la llegada de estas partículas mediante instrumentación especializada instalada en terreno. Entre ellos participa Juliana Mejía, doctoranda de la University of Arizona, quien integra la LXII Expedición Científica Antártica del Instituto Antártico Chileno.
Una plataforma para vigilar la atmósfera
El monitoreo se realiza mediante la Transportable Antarctic Research Platform (TARP), instalada por la Universidad de Santiago de Chile y liderado por el climatólogo Raúl Cordero. «El TARP cuenta con seis radiómetros, dos espectrorradiómetros, dos fotómetros, un LiDAR, una cámara de nubes y una estación meteorológica», explica Juliana Mejía.

Estos instrumentos permiten analizar aerosoles y su efecto en la radiación superficial. Así se pueden identificar cambios en la composición atmosférica asociados a humo de incendios o polvo desértico.
El viaje del humo hacia el sur
Aunque parezca lejano, la conexión es directa. «Cuando hay una temporada de incendios muy activa, desde Australia estas partículas pueden llegar hasta la península Antártica, viajando por toda la región circumpolar», señala Mejía.
Las altas temperaturas de los incendios generan un proceso llamado piroconvección. «Básicamente, las emisiones de los incendios generan nubes, las cuales son capaces de ascender en la atmósfera», explica.
El traslado puede tardar pocos días desde la Patagonia y hasta dos semanas desde Australia. Para reconstruir ese trayecto, los científicos usan análisis de retrotrayectorias atmosféricas.
Cuando el carbono negro toca la nieve
Una vez en la región, las partículas se depositan por precipitación o por gravedad. «Se ha encontrado, en el caso de grandes incendios, la huella química del humo en testigos de hielo en la península Antártica», explica la investigadora.
«La deposición de partículas como lo es el black carbon contribuye al deshielo en la región debido a sus características radiativas, en donde al interactuar con la radiación solar, su efecto es el de calentamiento«.
El seguimiento no es solo local. El trabajo se complementa con datos satelitales y colaboración con agencias como la NASA, lo que permite rastrear el origen de los aerosoles y evaluar su impacto en uno de los ecosistemas más sensibles del planeta.
La Antártica, lejos de ser un territorio aislado, se confirma así como un receptor de procesos globales ligados al cambio climático y al aumento de incendios forestales.