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Francis Pérez, fotógrafo submarino: “Una fotografía puede ser una herramienta de conservación”

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Tiempo de lectura: 3 minutos Desde Chañaral de Aceituno, el fotógrafo submarino reflexiona sobre sus casi 30 años de trayectoria, la importancia de documentar la crisis oceánica y el valor ecosistémico de Atacama frente a amenazas industriales como el proyecto Dominga.

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El océano puede ser considerado por muchos como una vasta superficie azul inalcanzable. Sin embargo, para Francis Pérez, fotógrafo submarino con más de 25 años de experiencia, el mar es un libro abierto que necesita ser leído y, sobre todo, protegido. Desde Chañaral de Aceituno, en la Región de Atacama, el profesional conversó sobre cómo su lente se ha transformado en un puente entre la ciencia y la sensibilidad pública, destacando que en un mundo de crisis climática, «ojos que no ven, corazón que no siente«.

La historia de Francis Pérez con el buceo comenzó en 1994 en su natal Tenerife, Islas Canarias. Tras seis años explorando los fondos marinos, sintió la necesidad de narrar lo que veía. «Empecé con una cámara analógica y carretes de 36 disparos. No era como ahora; tenías que esperar días para ver si la foto de una tortuga había salido bien», recuerda el colaborador de National Geographic España.

Desde esos inicios hasta hoy, Pérez ha sido testigo de la degradación de los ecosistemas, pero también de la resiliencia de la vida marina. Su transición de la fotografía recreativa a la documental fue impulsada por la urgencia de mostrar la biodiversidad oculta. Para el miembro del colectivo global SeaLegacy, la imagen no solo complementa el trabajo de científicos, sino que actúa como una «punta de lanza» para el activismo ambiental.

Fotografías como evidencia

Durante su carrera, Francis Pérez ha hecho uso de la fotografía para documentar desastres. Así han salido imágenes icónicas que han dado la vuelta al mundo, como una tortuga enredada en redes de pesca (ganadora del World Press Photo 2017 en categoría Naturaleza) o un calderón con la aleta herida por una colisión con una embarcación (exhibida en el Natural History Museum, London).

«En esas instancias, lo primero que piensas es en el animal. Documentamos el enmallamiento y luego cortamos la red para liberarla», explica. En el caso del cetáceo herido en Canarias, su fotografía permitió que veterinarios en Madrid y Las Palmas diagnosticaran al ejemplar en tiempo récord: «Vino un veterinario tres horas después de haber analizado la fotografía», recuerda. Sin embargo, la herida del animal era tan grave que los especialistas tomaron la decisión de aplicar la eutanasia.

«Este es un ejemplo de cómo una fotografía se puede convertir en una herramienta de conservación, porque al final la foto dio la vuelta al mundo. Se puso en evidencia las colisiones en Canarias por el exceso de tráfico marítimo, que también tiene problemas por todo el mundo, entre ellos Chile, y fue la punta de lanza de una campaña contra macroproyectos portuarios», señala Pérez.
Otra de las imágenes emblemáticas del fotógrafo es la de una ballena fin en Chañaral de Aceituno, tomada en 2019. Esta es una de las pocas capturas frontales que existen de este animal, mostrando su ojo y la asimetría de color característica de la especie.

«Cualquier cosa que dispares bajo el agua ya es conservación, porque el océano es extremadamente sensible y lo que mostramos hoy podría desaparecer mañana«, agrega.

El valor de Atacama y el rechazo a Dominga

Actualmente, el fotógrafo divide su tiempo entre Chile y Canarias. En Chile trabaja junto a los Centros de Investigación CEAZA y COPAS Coastal en la documentación visual de la riqueza natural y ecosistémica marina del Archipiélago de Humboldt.

Consultado sobre el proyecto minero-portuario Dominga, cuyo rechazo fue confirmado por la Corte de Apelaciones de Antofagasta, Pérez fue tajante al respecto. Para el fotógrafo, la zona de Chañaral de Aceituno y el Archipiélago de Humboldt representa uno de los «hot spots» de biodiversidad más importantes del planeta.

«Estoy en las aguas más productivas del mundo. Ver 50 ballenas en un día es algo que solo ocurre aquí«, comenta. Para Pérez, la idea de instalar un puerto en esta zona es «una auténtica locura» y un «delito» contra el patrimonio natural global. «El costo ambiental es infinitamente superior al beneficio económico. Sacrificar un sitio de tan alta biodiversidad es como pegarse un tiro en la cabeza«, advierte.

El fotógrafo enfatiza que la batalla por la protección del mar chileno no es solo local, sino una responsabilidad con el planeta.


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