Guardianes de la fauna: Cómo una comunidad levantó el primer letrero vial para proteger al huillín en Chiloé
Tiempo de lectura: 3 minutos Tras una serie de atropellos en las cercanías del lago Tarahuín, en la comuna de Chonchi, surgió el Movimiento Tarahuillín, una red ciudadana que impulsa la conservación de esta nutria nativa en peligro de extinción.
La historia de la conservación en Chile suele escribirse desde las instituciones, pero en el archipiélago de Chiloé, es la propia comunidad la que ha tomado el protagonismo. El Movimiento Tarahuillín nació durante el segundo semestre de 2024 como una respuesta ante una problemática: los constantes atropellos de huillines en las rutas aledañas al lago Tarahuín, en la comuna de Chonchi.
Lo que comenzó como una autoconvocatoria de vecinos preocupados, se transformó rápidamente en una articulación territorial que reúne a organizaciones sociales, científicos y comunidades indígenas. Hoy, el movimiento no solo vigila las carreteras, sino que desarrolla un programa de monitoreo comunitario del huillín (Lontra provocax), una especie que funciona como un «termómetro» de la salud de las aguas chilotas.
Unos de los hitos más significativos del movimiento fue la instalación en Tarahuín del primer letrero vial en el mundo dedicado específicamente a la prevención de atropellos de huillín. «Es una suma de muchos esfuerzos que han logrado un propósito hermoso: visibilizar la especie, sus territorios y sus relaciones como formas que no deben desaparecer», destacan desde el movimiento a Cooperativa Ciencia.

El nacimiento de una red de protección territorial
El huillín es un depredador tope y un bioindicador. Su presencia en ríos, lagos y fiordos garantiza que el ecosistema mantiene su integridad. Sin embargo, su supervivencia está bajo presión constante. Según explican desde Tarahuillín, las amenazas son múltiples: desde la fragmentación de hábitat por parcelaciones y deforestación, hasta la depredación por especies invasoras como el visón y el ataque de perros y gatos domésticos.
«Nuestra misión es cuidar al huillín y su hábitat, entendiendo que las amenazas atraviesan todo el archipiélago», señalan desde la organización. Para enfrentar este escenario, el movimiento ha establecido alianzas con la academia, destacando el trabajo junto al laboratorio LECMMAR de la Universidad de Valparaíso, liderado por la investigadora Maritza Sepúlveda, y la ONG Panthalassa, con quienes realizaron la primera necropsia de un huillín en la región.

El huillín y el «equilibrio de la vida»
El huillín es considerado un pilar de la identidad territorial. Desde Tarahuillín explican que, históricamente, su distribución llegaba hasta el río Cachapoal en la Región de O’Higgins, pero la caza y la degradación ambiental han reducido su presencia exclusivamente desde la Región de La Araucanía al sur. Para las comunidades indígenas locales, la especie representa el itrofill mogen (el equilibrio de la vida), siendo un símbolo de fertilidad de los territorios.
Un paso decisivo en esta lucha fue el lanzamiento oficial del Plan Recoge (Plan de Recuperación, Conservación y Gestión) del Huillín en Tarahuín. Este instrumento del Ministerio del Medio Ambiente busca coordinar esfuerzos estatales y ciudadanos para evitar la extinción de la especie. «El Plan Recoge es un compromiso grupal que permite resignificar el lago desde un espacio de peligro a uno de protección», afirman desde el movimiento.
El trabajo de Tarahuillín se basa en la horizontalidad y el apoyo mutuo. A través de talleres de educación ambiental y encuentros comunitarios, han logrado involucrar a los comités ambientales comunales, juntas de vecinos y agrupaciones como Mujeres Insulares por las Aguas. Para este movimiento, proteger a «la nutria más linda del mundo» es, en última instancia, una forma de defender el agua y la vida en el archipiélago frente a la crisis hídrica y las presiones de megaproyectos extractivistas.
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