De los cerros al laboratorio: La travesía para descubrir cuatro nuevas plantas en Chile
Tiempo de lectura: 2 minutos El naturalista Matías González relata el proceso de siete años que permitió identificar especies únicas en la zona central de Chile.
Para muchos, un cerro es solo paisaje, pero para un «naturalista innato», cada quebrada esconde un tesoro potencial. Así comenzó la historia de Matías González y un equipo de investigadores que, tras siete años de trabajo, lograron publicar en la revista científica PhytoKeys el hallazgo de cuatro nuevas especies de plantas para Chile: dos del género Miersia y dos del género Gilliesia.
El descubrimiento, liderado junto al curador del Herbario EIF de la Universidad de Chile, Nicolás García, fue el resultado de años de expediciones y observación minuciosa en los cordones montañosos de la zona centro-sur del país. La historia comenzó a tomar forma entre los años 2021 y 2022. Matías González, quien se describe como un apasionado de la flora y fauna local, recuerda que las primeras alertas surgieron en las cumbres de la Región de O’Higgins.
«Siempre estamos haciendo expediciones a los cerros de la región. En esos años encontramos estas especies que, al principio, nos llamaron mucho la atención porque no calzaban con ninguna de las especies ya descritas para la zona ni para la ciencia», relata el médico veterinario y fundador de Reverdecido.
Los primeros pasos del hallazgo en terreno
Fue ese primer instinto el que lo llevó a capturar imágenes y compartirlas con expertos. Tras las primeras fotografías, el equipo contactó al profesor Nicolás García para obtener una opinión experta. «Él nos dijo: ‘Chuta, puede ser una especie nueva, sigamos estudiándola'», recuerda el naturalista.
A partir de ahí, el trabajo pasó de la contemplación a la disciplina científica: colectar las muestras, herborizarlas y depositarlas en el herbario de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile para un análisis morfológico detallado.
De la «Brujita de Tagua Tagua» a la confirmación genética
Uno de los aspectos más destacados de este proceso fue la decisión del equipo de otorgar nombres comunes a las especies para acercarlas a la comunidad. Así nacieron la «Estrellita de los Andes» (Miersia subandina), la «Brujita de Tagua Tagua» (Gilliesia taguataguensis), la «Estrellita de Nahuelbuta» (Miersia nahuelbutensis) y el «Cometa de la Sepultura» (Gilliesia reflexa), esta última descubierta personalmente por González en la cumbre del cerro que le da su nombre.
Sin embargo, el camino hacia la validación científica fue largo. «Lo que quizás demoró más tiempo fue la reconfirmación final: hacerles un análisis genético para estar 100% seguros de que eran especies nuevas», explica Matías. Los últimos dos años se centraron exclusivamente en la escritura del artículo científico y la revisión por pares, la «hoja de ruta» obligatoria para que el mundo académico validara el hallazgo.
Para González, este descubrimiento es un «regalo de la naturaleza«, pero también un recordatorio de la fragilidad del ecosistema. Con especies como la Gilliesia reflexa en Peligro Crítico, el objetivo final del equipo trasciende la publicación académica. «Solo se conserva lo que se conoce. Nuestro desafío ahora es visibilizarlas y difundirlas para que la comunidad las quiera y sea protagonista en su conservación», concluye el investigador.