Estudio analiza cómo el viento influye en el calor y la contaminación en ciudades
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación liderada por la Universidad Adolfo Ibáñez busca entender cómo las corrientes de aire afectan la temperatura y la calidad del aire en entornos urbanos densos.
Un estudio analizó cómo el viento se comporta en zonas urbanas con edificios en altura y cómo esto influye en la temperatura y la dispersión de contaminantes. A partir de la comparación de dos sectores de Santiago los investigadores detectaron diferencias claras en la intensidad de las corrientes de aire.
El estudio comparó dos sectores de la capital con características urbanas distintas: uno con mayor presencia de áreas verdes y otro con mayor densidad de edificaciones.
Los resultados preliminares indican que las zonas más abiertas presentan corrientes de aire más intensas, lo que podría favorecer la ventilación y disminuir tanto el calor urbano como la acumulación de contaminantes.
«Seguimos analizando los datos para comprender mejor los efectos de la disposición de los edificios«, explicó Sungmoon Jung, investigador de la Florida A&M University–Florida State University e integrante del proyecto junto con el científico Gonzalo Ruz de la Universidad Adolfo Ibáñez.
El impacto del crecimiento urbano en el viento
El aumento de edificios en altura modifica la circulación del aire, lo que puede afectar tanto la temperatura como la dispersión de contaminantes en la ciudad.
«Santiago ha experimentado un crecimiento significativo en la construcción de edificios altos durante las últimas dos décadas. Chile sufre fuertes terremotos, y la experiencia de este país en diseño sísmico es bien conocida en todo el mundo. Aunque la intensidad del viento en Santiago es moderada, sigue teniendo efectos significativos en el entorno de vida«, señaló Sungmoon Jung.
Este fenómeno, conocido como entorno eólico urbano, aún es un área emergente y solo algunas ciudades cuentan con normativas específicas para abordarlo, como Londres, Hong Kong y Toronto.
Modelar la ciudad como una red
Uno de los aportes del estudio es el uso de teoría de redes para analizar cómo se mueve el aire en la ciudad, permitiendo identificar patrones de ventilación y zonas más expuestas.
«La teoría de redes nos permite traducir una ciudad a un ‘grafo’ (nodos y conexiones) y así cuantificar, de manera escalable, por dónde se canaliza el flujo de aire«, explicó Gonzalo Ruz.
El equipo busca integrar nuevas variables como temperatura superficial, contaminación y uso de suelo, con el objetivo de generar modelos más completos que ayuden a diseñar ciudades más habitables frente a los desafíos del cambio climático.