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Estudio detecta altas concentraciones de metales tóxicos como plomo, zinc y arsénico en Arica

Estudio detecta altas concentraciones de metales tóxicos como plomo, zinc y arsénico en Arica

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Tiempo de lectura: 4 minutos Una investigación de la Universidad de Chile comprobó la existencia de focos persistentes de metales nocivos para la salud humana en distintos puntos de la ciudad. El hallazgo revive la necesidad de contar con una norma ambiental vinculante para la remediación de sitios contaminados.

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“Barros con contenidos metálicos” fue la denominación bajo la cual la empresa Procesadora de Metales (Promel) ingresó al país una pila de residuos mineros provenientes de Suecia entre 1984 y 1985.

La compañía declaró falsamente ante las autoridades aduaneras y de salud de la época que se trataba de materiales no tóxicos destinados a su reprocesamiento para la supuesta extracción y recuperación de oro y plata. Esto permitió burlar los controles ambientales y depositar el cargamento de metales pesados al aire libre, muy cerca de la población Sica Sica, donde años después también se construyeron poblaciones como Los Industriales y Cerro Chuño.

El abandono de estos desechos y el crecimiento de la ciudad, expusieron a miles de personas a altas concentraciones de elementos tóxicos como plomo, arsénico y cadmio, lo que estalló durante la segunda mitad de la década del 90 como una crisis sanitaria y ambiental.

La emergencia significó finalmente el retiro de este vertedero industrial, la relocalización de familias afectadas, procesos judiciales e incluso la presentación de una demanda indemnizatoria en Suecia.

Sin embargo, el impacto de esta pila de desechos tóxicos podría no haber terminado con su remoción y traslado, tal como lo advierte un estudio del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile publicado recientemente en la revista científica CLEAN – Soil, Air, Water.

Concentración de metales en la actualidad

A más de tres décadas del caso polimetales, la investigación detectó concentraciones elevadas de plomo, zinc, arsénico y otros elementos potencialmente tóxicos en suelos superficiales de distintos sectores de Arica.

El hallazgo da cuenta de focos localizados de estos metales que serían compatibles tanto con el legado de los residuos importados desde Suecia como con fuentes urbanas e industriales más recientes. De esta forma, aporta nueva evidencia sobre la permanencia y posible redistribución de contaminantes en el ambiente urbano, pese a las medidas de remediación aplicadas desde la década del 90.

“En Arica pudimos observar que la señal del evento de contaminación ocurrido hace más de 30 años todavía está presente en algunos sectores y contribuye al escenario actual de contaminación. A esto se suman fuentes contemporáneas asociadas a actividades urbanas e industriales, generando una situación particularmente compleja. Además, encontramos concentraciones de algunos elementos que superan valores de referencia internacionales. Esto no significa necesariamente que exista un daño a la salud, pero sí indica que existen sectores que justifican mantener la vigilancia ambiental y sanitaria”, explica Carlos Manzano, académico de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile que lideró esta investigación.

El estudio tuvo como origen el interés de Diego Ayala, un joven ariqueño que vivió dentro del polígono de riesgo y realizó su tesis de pregrado sobre este tema para obtener el título de Químico Ambiental de la Universidad de Chile.

“Creo que mucha gente sufrió por la negligencia que tuvo el Estado en 1984 y que lo sigue manifestando hasta el día de hoy, ya que existen organizaciones que siguen luchando por tener justicia. Este es el caso de ‘Mamitas del Plomo’, con quienes tuve la oportunidad de conversar y me expusieron sus inquietudes”, comenta el profesional.

Una huella que permanece en el suelo

Arsénico, plomo, zinc, cadmio, cobre, hierro, manganeso y aluminio fueron los elementos identificados por el equipo de investigadores en las muestras obtenidas desde 17 distintos puntos de la ciudad de Arica.

Los resultados, obtenidos mediante extracción ácida y espectroscopía de absorción atómica, revelaron una contaminación marcadamente desigual. Mientras algunos elementos presentaron concentraciones relativamente homogéneas, el plomo, el arsénico y el zinc aparecieron concentrados en focos específicos.

Respecto a la persistencia de estos contaminantes en la zona, el profesor Carlos Manzano plantea que “los suelos funcionan como reservorios de sustancias químicas y, por lo tanto, pueden conservar información sobre eventos de contaminación ocurridos hace muchos años. En el caso de los metales, esto es particularmente importante porque los elementos no se degradan, sino que pueden cambiar su forma química, quedar asociados a partículas del suelo o movilizarse hacia otros lugares”.

¿Herencia del caso polimetales?

Una de las principales conclusiones del estudio es que la localización de los focos es compatible con la influencia del antiguo depósito de residuos de PROMEL y con su posterior dispersión en el ambiente urbano a medida que la ciudad creció y sus suelos fueron intervenidos.

No obstante, los resultados también pueden reflejar fuentes contemporáneas, como actividades industriales, tránsito, desgaste de materiales, construcción y movimiento de suelos previamente contaminados.

“Establecer con certeza el origen de la contaminación es complejo, porque en una ciudad existen múltiples fuentes que pueden superponerse. Para eso necesitamos hacer estudios de mineralogía y caracterización adicional que puedan conectar mejor lo que se encuentra en el medioambiente con la potencial fuente”, señala el académico de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile.

Una señal de alerta

El plomo representa una preocupación particular por sus efectos sobre el desarrollo neurológico infantil. El arsénico, dependiendo de su forma química y del tiempo de exposición, se asocia con distintos efectos crónicos, incluido un mayor riesgo de cáncer y alteraciones cardiovasculares.

El zinc, en tanto, es un nutriente esencial, pero en concentraciones excesivas puede producir efectos adversos y alterar los ecosistemas del suelo.

Los efectos dependen mucho del metal, su concentración y la intensidad de la exposición. Por esta razón, “es importante entender qué proporción de estos elementos se incorpora al organismo humano. En Arica ya existen programas y estudios de biomonitoreo de la población que deberían mantenerse, especialmente en grupos vulnerables como los niños, por lo que integrar esta información con mediciones ambientales de mayor resolución sería muy valioso”, enfatiza Carlos Manzano.


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