Un coral descubierto en la Dorsal de Nazca resolvió un enigma de más de cien años
Tiempo de lectura: 3 minutos Durante años no se supo cómo era posible que este tipo de coral lograra formar grandes estructuras sin tener esqueleto. Pero un coral descubierto en la Dorsal de Nazca, frente a las costas de Chile, resolvió un enigma de más de un siglo.
Un equipo internacional de biólogos marinos y químicos de Chile, Colombia y Estados Unidos, logró responder a una pregunta que llevaba más de un siglo sin respuesta. ¿Cómo logran los corales chicle, uno de los animales ramificados más grandes del planeta, construir estructuras de varios metros de altura sin ningún esqueleto interno?
La respuesta, publicada en la prestigiosa revista Scientific Reports, es la quitina, una sustancia presente en los caparazones de cangrejos y alas de escarabajos.
Los corales chicle, llamados así por su apariencia, viven desde cientos hasta miles de metros bajo la superficie y pueden formar colonias arborescentes del tamaño de un automóvil pequeño. Pero la diferencia es que no tienen esqueleto rígido interno, como los corales pétreos. Eso implica que sus tejidos están hechos de microscópicos cristales de carbonato de calcio que, de alguna manera, se mantienen unidos sin colapsar.
Nueva especie
Durante una expedición del Schmidt Ocean Institute a bordo del Falkor (too), en julio de 2024, la nueva especie Paragorgia quitinosa fue recolectada a 670 metros de profundidad en un monte submarino de la Dorsal de Nazca, en el Pacífico suroriental, frente a las costas de Chile. Desde entonces la muestra ha sido examinada en el Centro Científico ESMOI de la Universidad Católica del Norte, UCN, en Coquimbo.
El hallazgo surgió al analizar los canales internos del coral. A través del tejido de cada rama existe una red de tubos que se pensaba distribuían nutrientes. Al examinar sus paredes con microscopía electrónica y análisis químicos, los investigadores encontraron quitina.
La quitina, presente en los caparazones de cangrejos y alas de escarabajos, es el segundo polímero natural más abundante de la Tierra después de la celulosa. En los corales chicle funciona como una red de andamiaje, algo así como una malla de tubos entretejida en toda la colonia que le da coherencia estructural sin esqueleto mineralizado.
«Sabíamos que algo tenía que estar manteniendo unidos a estos animales, pero nadie había identificado químicamente qué era», explica Juan Armando Sánchez, profesor de biología marina de la Universidad de Los Andes en Bogotá, y autor principal del estudio. «Encontrar quitina fue una sorpresa genuina. Estos corales están sostenidos esencialmente por el mismo material que forma el caparazón de una langosta, simplemente organizado de una manera completamente diferente”, agregó.
Arquitectura
El descubrimiento sugiere que la quitina podría cumplir un papel arquitectónico en los octocorales, una clase de coral que se distingue por tener ocho tentáculos en los pólipos, dentro de los cuales están los abanicos de mar, las plumas de mar y los corales chicle, entre otros.
Así lo explica la profesora de la Universidad de Texas Rio Grande Valley y coautora del estudio, Erin E. Easton: «Paragorgia quitinosa es como una llave que abre la puerta para comprender la biología de miles de especies. Una vez que sabemos qué buscar y dónde buscarlo, podemos empezar a preguntarnos si la quitina cumple funciones similares en otros octocorales, y eso podría transformar nuestra comprensión de la biología estructural de uno de los grupos de animales más diversos del océano”.
Corales vulnerables
Los corales chicle están reconocidos internacionalmente como Ecosistemas Marinos Vulnerables (EMV), protegidos bajo acuerdos pesqueros por su extrema lentitud para recuperarse de la pesca de arrastre, el anclaje o la perturbación por sedimentos. Esa vulnerabilidad se entendía en términos de tasas de crecimiento lentas.
«Hemos estado gestionando estos ecosistemas basándonos en una imagen incompleta de lo que son. Entender que la quitina es el pegamento que mantiene unidas estas colonias cambia la conversación sobre cuán frágiles son realmente y cuán grave es el daño cuando son perturbadas”, agrega Javier Sellanes, académico de la Universidad Católica del Norte en Coquimbo, investigador de ESMOI y co-líder de las expediciones.
La Dorsal de Nazca: una de las últimas fronteras del océano
El monte submarino donde se encontró la Paragorgia quitinosa está en aguas internacionales, en uno de los entornos de aguas profundas menos explorados del planeta. Sólo se ha recolectado un espécimen, pero los investigadores creen que forma parte de una fauna más amplia y hasta ahora indocumentada.
Sobre eso, el Dr. Felipe Paredes, de Oceana, cuenta como se ha estado trabajando en la protección de estos montes submarinos: “Los ecosistemas profundos de las cordilleras de Salas y Gómez y Nazca albergan una biodiversidad extraordinaria que todavía estamos conociendo. Cada descubrimiento aporta evidencia científica para orientar su protección y refuerza la importancia de conservar los hábitats donde viven estas especies. Desde Oceana impulsamos, junto a otras instituciones, la protección de estas cordilleras, con el objetivo de que la cooperación internacional se traduzca en medidas efectivas de conservación en alta mar”.