El estilo de aprendizaje de los orangutanes define su supervivencia
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación demostró que las crías de orangután dependen fundamentalmente de la observación hacia sus madres para adquirir habilidades de alimentación y subsistencia.
Durante más de ocho años, las crías de orangután permanecen estrechamente vinculadas a sus madres antes de alcanzar la vida adulta e independiente. A lo largo de esta prolongada etapa de desarrollo juvenil, los pequeños simios enfrentan el desafío de aprender a desenvolverse en un entorno tan complejo como la selva tropical.
Un equipo de científicos del Instituto Max Planck (Alemania) y de la Universidad de Saint Andrews (Reino Unido) comprobó que el éxito adaptativo de estos primates depende directamente de su estilo de aprendizaje.
A través de más de 4.700 horas de observación sistemática en la isla de Sumatra, los expertos siguieron el desarrollo de 21 ejemplares desde su nacimiento hasta alcanzar los 8,5 años de edad. La investigación analizó tres conductas esenciales: la atención visual focalizada hacia la madre u otros congéneres (aprendizaje social), la exploración del hábitat por cuenta propia (aprendizaje individual) y la cantidad de alimentos que lograban consumir de forma autónoma.
El valor del aprendizaje social frente a los peligros de la selva
Los resultados publicado en revista Science confirmaron que, si bien cada cría presenta inclinaciones conductuales distintas, el aprendizaje social tiene un peso preponderante en su formación, utilizándose en promedio cinco veces más que la exploración individual.
Para un orangután en desarrollo, la supervivencia está ligada a un conocimiento botánico riguroso. Su dieta adulta requiere seleccionar cerca de 250 tipos de alimentos entre miles de opciones disponibles en el dosel selvático, muchas de las cuales pueden resultar altamente tóxicas o requerir el uso de herramientas rudimentarias para su extracción y procesamiento.
Tal como explicó la investigadora del Instituto Max Planck y coautora del trabajo, Revathe Thillaikumar, aprender exclusivamente por iniciativa propia implica riesgos considerables para ejemplares inmaduros que no pueden permitirse perder calorías ni enfermarse. Por ello, observar atentamente a modelos experimentados representa la estrategia evolutiva más segura y eficaz.
El impacto en la dieta y las raíces de la cultura
El estudio determinó que, cuando una cría observaba a su madre comer o manipular un objeto, este estímulo desencadenaba sesiones de exploración activa posterior que podían extenderse hasta por dos horas y media.
Aquellos ejemplares que combinaron niveles elevados de aprendizaje social e individual lograron la mayor diversidad dietética al independizarse, superando hasta en tres veces el repertorio alimentario de las crías con menor actividad exploratoria. Asimismo, el análisis reveló que una alta frecuencia de aprendizaje social puede compensar parcialmente una baja exploración individual, permitiendo a los individuos ampliar su dieta básica.
Para Caroline Schuppli, investigadora del Max Planck, el hallazgo pone en evidencia la interacción de mecanismos conductuales complejos que impulsan la cultura en los grandes simios. La científica concluyó que el aprendizaje cultural que caracteriza a la humanidad es un proceso con raíces evolutivas compartidas.