Jóvenes que ingresaron a la universidad en pandemia serían más individualistas
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación realizada en tres regiones del país analiza cómo la crisis sanitaria y social reconfiguró las expectativas, vínculos y proyecciones de estudiantes de educación superior.
Un giro hacia el individualismo, la sensación de que «todo depende de uno mismo» y una creciente incertidumbre frente al futuro son parte de los principales hallazgos de un estudio que analizó a jóvenes chilenos que ingresaron a la educación superior durante y después de la pandemia.
El análisis describe un escenario de múltiples crisis, marcado por la pandemia, el estallido social y un contexto económico percibido como inestable. La investigación, desarrollada junto a académicos de la Universidad de Concepción, la Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad de Playa Ancha, se desarrolló en las regiones Metropolitana, Valparaíso y del Biobío, y se basó en entrevistas y grupos de discusión con estudiantes universitarios.
El estudio advierte que este contexto ha fortalecido una lógica donde el bienestar personal prima por sobre los proyectos colectivos, instalando la percepción de que cada persona debe enfrentar sola los desafíos.
Incertidumbre y bienestar individual
Esta mirada se expresa, entre otros aspectos, en la postergación o rechazo de la maternidad entre mujeres jóvenes, quienes cuestionan la desigual distribución de las tareas de cuidado y las dificultades para compatibilizar familia y desarrollo profesional.
La idea de «sálvese quien pueda» aparece como una respuesta defensiva frente a un entorno que se percibe como frágil y competitivo, según se expresa en el estudio.
«Los estudiantes describen el porvenir como un espacio inestable, donde planificar se vuelve difícil y las expectativas se moderan», explicó la antropóloga Andrea Aravena, líder del estudio.
Mercado laboral y educación superior
En el ámbito laboral, aunque los jóvenes mantienen expectativas de estabilidad y desarrollo profesional, el estudio detecta una desconfianza hacia el mercado del trabajo, visto como saturado y precario.
En este escenario, la formación universitaria adquiere un valor estratégico. El título profesional es considerado insuficiente y los posgrados aparecen como un «blindaje» necesario para enfrentar la competencia, más que como una decisión vocacional.
Al mismo tiempo, algunos estudiantes cuestionan que el sistema educativo entregue herramientas suficientes para comprender y transformar la realidad, más allá de preparar para competir.
Tecnología e identidad
La investigación también identifica una hiperconectividad naturalizada en la vida cotidiana de los jóvenes. El uso del celular y otras tecnologías estructura las relaciones sociales, el estudio y el tiempo libre, aunque con brechas según el nivel socioeconómico.
Junto a ello, surge una preocupación por la pérdida de la identidad cultural indígena, especialmente en relación con el mapudungun y las tradiciones mapuche, vinculada a procesos de globalización y educación formal.
Pese al diagnóstico crítico, el estudio reconoce una esperanza cautelosa en la acción juvenil, asociada a la conciencia ambiental, la equidad de género y la posibilidad de cambio colectivo, aunque percibida como lenta y con múltiples obstáculos.