Estudio revela cómo la contaminación del aire aumenta el riesgo de desarrollar demencia

Tiempo de lectura: 2 minutos Una masiva investigación de la Universidad de Cambridge confirma que la exposición a largo plazo a contaminantes comunes aumenta significativamente la probabilidad de desarrollar demencia.
El estudio se centró en identificar qué contaminantes específicos representan la mayor amenaza. Tras una revisión sistemática de 51 investigaciones, los científicos validaron 32 que demostraban una asociación positiva y estadísticamente significativa entre tres tipos de contaminantes y la demencia:
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Partículas Finas (PM2,5): Compuestas por partículas de 2,5 micras o menos, son tan pequeñas que se inhalan profundamente en los pulmones, pudiendo ingresar al torrente sanguíneo. Provienen de emisiones de vehículos, centrales eléctricas y polvo de construcción. El estudio encontró que por cada aumento de 10 microgramos por metro cúbico (μg/m³) de PM2,5, el riesgo de demencia se incrementa en un 17%. Esta cifra es especialmente relevante para ciudades chilenas como Santiago o Temuco, que frecuentemente superan los niveles recomendados por la OMS.
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Dióxido de Nitrógeno (NO2): Este gas es un subproducto de la quema de combustibles fósiles, presente principalmente en los gases de escape de vehículos diésel y en emisiones industriales. La investigación determinó que por cada 10 μg/m³ de exposición a NO2, el riesgo relativo de demencia aumenta en un 3%.
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Hollín (Carbono Negro): Un componente de las partículas PM2,5, proveniente de la quema incompleta de combustibles como el diésel o la leña. Su impacto es considerable: por cada 1 μg/m³ de hollín, el riesgo de demencia se eleva en un 13%.
¿Cómo la contaminación daña la mente?
Aunque la conexión está demostrada, la ciencia sigue investigando los mecanismos exactos. La principal hipótesis apunta a que la inhalación constante de estos contaminantes provoca una respuesta inflamatoria sistémica en el cuerpo. Esta inflamación puede llegar al cerebro, causando neuroinflamación y estrés oxidativo, un proceso químico que daña las células cerebrales, sus proteínas y su ADN. Con el tiempo, este daño acumulativo podría desencadenar o acelerar enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.
«Nuestro trabajo aporta más pruebas que respaldan la observación de que la exposición prolongada a la contaminación atmosférica exterior es un factor de riesgo para la aparición de demencia en adultos que anteriormente gozaban de buena salud», concluyó Haneen Khreis, una de las autoras del estudio.
Actualmente, se estima que la demencia afecta a más de 57 millones de personas en el mundo, una cifra que podría triplicarse para 2050. Si bien la investigación tiene la limitación de haberse centrado mayoritariamente en poblaciones de países de ingresos altos, sus conclusiones refuerzan la necesidad de avanzar en políticas más estrictas para mejorar la calidad del aire.