Logran recuperar la visión parcial de una persona ciega mediante estimulación cerebral
Tiempo de lectura: 2 minutos La recuperación, calificada como «inusual», persistió de forma espontánea incluso después de retirado el implante, abriendo nuevas puertas para el tratamiento de la ceguera profunda.
Investigadores de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y del consorcio CIBER-BBN en España, lograron recuperar la visión natural de un paciente con daño irreversible en el nervio óptico. De acuerdo con el estudio, la mejoría se produjo luego de tres años de que el paciente perdiera la vista y se mantuvo independiente al dispositivo tecnológico utilizado.
Originalmente, el ensayo no buscaba devolver la visión natural, sino generar percepciones artificiales a través de impulsos eléctricos. Sin embargo, el cerebro del voluntario respondió, demostrando una plasticidad cerebral que podría redefinir los protocolos de rehabilitación visual.
«Como en todos los ensayos, el objetivo era generar percepciones visuales artificiales mediante la estimulación directa del cerebro, no restaurar la visión natural», explicó en un comunicado el investigador principal, Eduardo Fernández Jover.
Implante de 100 microelectrodos
El procedimiento técnico consistió en la implantación quirúrgica de una matriz intracortical de 100 microelectrodos en la corteza visual primaria del paciente, región del cerebro encargada de procesar la información que normalmente proviene de los ojos. Al estar dañado el nervio óptico, los investigadores decidieron saltarse ese paso y estimular directamente las neuronas de la corteza.
A través de patrones eléctricos controlados, el equipo lograba que el paciente «viera» puntos de luz que le permitían interpretar su entorno.
Apenas dos días después de la cirugía, los resultados comenzaron a ser visibles. El paciente fue capaz de percibir luces y sombras en movimiento, identificando correctamente la posición de las personas a su alrededor.
Según la neuróloga Arantxa Alfaro Sáez, este fenómeno es «extremadamente inusual», ya que la recuperación de funciones tras un daño severo del nervio óptico suele ocurrir solo en los primeros meses tras la lesión, no años después.
El camino hacia la recuperación
La clave del éxito no solo residió en la tecnología del implante, sino en un riguroso proceso de entrenamiento visual. Durante meses, el voluntario realizó ejercicios diarios de al menos 30 minutos para evaluar su percepción de la luz, localización espacial, agudeza visual y sensibilidad al contraste.
Este entrenamiento permitió al paciente identificar formas, letras y números, mejorar la coordinación mano-ojo para tomar objetos y un aumento de la confianza en su movilidad.
La investigadora Leili Soo, coautora del estudio, destacó que la motivación del paciente fue importante. La mejora visual persistió incluso después de que el implante fuera retirado quirúrgicamente.
Finalmente, los expertos sugieren que estas técnicas podrían aplicarse mediante métodos no invasivos, como la estimulación eléctrica transcraneal.