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Síntomas y tratamientos del tumor ocular, un cáncer agresivo de detección tardía

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Tiempo de lectura: 2 minutos El patólogo de la Universidad Católica, Pablo Zoroquiain, explica la importancia de la detección temprana y cómo la investigación nacional busca diagnosticar esta patología mediante una simple muestra de sangre.

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A menudo invisibilizados por su baja prevalencia, los tumores oculares representan un desafío médico mayor en Chile. No solo por la agresividad de algunas de sus variantes, sino por el impacto psicológico y funcional que generan en los pacientes. Entre ellos, el melanoma uveal destaca como el tumor maligno intraocular primario más frecuente en adultos, con una tasa de mortalidad que puede alcanzar el 50%.

El médico patólogo y profesor asociado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Pablo Zoroquiain, utiliza una analogía sencilla: el ojo es como una cebolla con tres capas. La capa externa es la esclera (lo blanco); la intermedia es el tracto uveal (la «caja negra» que da oscuridad al ojo); y la interna es la retina (el sensor que capta la luz). Es en esa segunda capa donde se origina el melanoma uveal, un cáncer que, por su ubicación, suele ser detectado de forma tardía.

A diferencia de los tumores en los párpados o anexos oculares, que son visibles como pequeñas protuberancias y permiten una consulta rápida, los tumores internos suelen no dar síntomas hasta que el daño es avanzado. «Cuando el paciente consulta por un síntoma, lamentablemente suele ser tarde. El tumor ya es grande y el escenario no es el ideal», advierte el Dr. Zoroquiain.

El impacto del melanoma uveal

En Chile se diagnostican entre 25 y 30 casos de melanoma uveal al año. A pesar de ser una cifra baja, su agresividad es extrema. «Sabemos que cuando el tumor está presente, el paciente ya tiene células malignas circulantes. No es solo una enfermedad localizada, sino sistémica», explica el especialista.

Esto lo diferencia de otros cánceres infantiles como el retinoblastoma, que afecta a menores de cuatro años y que, gracias a los avances en quimioterapia y radioterapia de las últimas décadas, ha logrado reducir su mortalidad.

La prevención, en este caso, se vincula con la protección frente a la radiación UV y el uso de lentes certificados. Sin embargo, para el melanoma uveal existen factores de riesgo específicos, como la exposición a la luz azul generada por la soldadura al arco, además de la predisposición genética familiar.

Innovación chilena para salvar el ojo

Históricamente, el tratamiento para un tumor ocular de gran tamaño era la enucleación o remoción completa del ojo. No obstante, Chile ha avanzado en la centralización de estos casos en el sistema público, específicamente en el Hospital Sótero del Río. Gracias a la labor de especialistas como los oftalmólogos Eduardo Labbé y César Luna, hoy los pacientes pueden acceder a la radioterapia ocular con placas.

Esta técnica permite colocar una pequeña fuente de radiación sobre la lesión, logrando conservar el globo ocular y, en muchos casos, la visión. «Es un tratamiento tan efectivo como sacar el ojo, pero con un impacto mucho menor en la autoestima y calidad de vida del paciente», destaca Zoroquiain.

En paralelo, la ciencia chilena lidera investigaciones a través del CECAN (Centro de Estudios para el Cáncer) y el financiamiento de ANID. Uno de los proyectos más ambiciosos es el desarrollo de la biopsia líquida.

«Tomar una muestra de tejido dentro del ojo es riesgoso. Lo que buscamos es detectar el tumor a través de una muestra de sangre«, explica el patólogo. Esta innovación no solo facilitaría el diagnóstico precoz, sino que democratizaría la salud: un paciente en Punta Arenas podría enviarse una muestra de sangre a Santiago para ser analizada por especialistas, evitando viajes costosos y el desarraigo familiar, destaca Zoroquiain.


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