Chiloé, santuario fúngico: La apuesta del archipiélago por la conservación de hongos
Tiempo de lectura: 2 minutos Gracias a su convergencia de ecosistemas, el archipiélago de Chiloé se ha consolidado como un laboratorio natural para el estudio y la protección de la micología en el sur de Chile.
En la Isla Grande de Chiloé convergen dos de los ecosistemas más emblemáticos del cono sur: el bosque Valdiviano y el Norpatagónico. Esta particularidad geográfica ha convertido al archipiélago en un refugio para bosques centenarios de alerces, cipresales y formaciones de arrayanes. Sin embargo, bajo la sombra de estos gigantes, emerge un ecosistema igualmente vital pero a menudo invisible: el reino fungi.
Especies como el milcao de monte (Plectania chilensis), el gargal (Grifola gargal) y el llao llao (Cyttaria hariotii) son pilares de la tradición culinaria y patrimonial de las comunidades huilliches originarias.
Investigadores y recolectores destacan la presencia de especies de alto valor nutricional como el changle amarillo (Ramaria sp.), la lengua de vaca (Fistulina antarctica) y la melena de león (Hericium sp.). Estas variedades, junto a la oreja gelatinosa del coihue (Gloeosoma vitellinum), forman parte de un entramado donde naturaleza y cultura se entrelazan.
El potencial micológico del archipiélago se sustenta en condiciones climáticas únicas. El clima templado lluvioso, la alta humedad constante y los extensos bosques de coihue facilitan la proliferación de asociaciones ectomicorrícicas. Estas características convierten a la isla en un laboratorio natural ideal para la observación científica y el desarrollo de un turismo de intereses especiales vinculado a la conservación ambiental.
Festival Isla de Hongos
En este contexto surge el Festival Isla de Hongos, un evento que ha logrado convocar a más de 5.500 visitantes en sus versiones anteriores. La iniciativa, que se realizará los días 3, 4 y 5 de abril, reunirá a una comunidad compuesta por científicos, recolectores, cocineros y educadores, con el objetivo de fomentar el fungiturismo responsable en el sur de Chile.
Para fortalecer esta misión, el festival cuenta con el respaldo de la Fundación Tepuhueico Conservancy, una alianza orientada a la educación ambiental y la puesta en valor del patrimonio biocultural. Esta colaboración busca transformar el conocimiento científico en herramientas de divulgación accesibles para la comunidad, posicionando al festival como un espacio de encuentro entre la academia y el territorio.
El especialista en macrohongos, Alexander Rehbein, encargado de la divulgación científica del evento, juega un rol clave en este proceso. Su trabajo permite que la información técnica sobre la diversidad fúngica del archipiélago se traduzca en procesos educativos que refuercen la identidad territorial y promuevan la protección de los ecosistemas boscosos de Chiloé frente a las amenazas actuales.
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