Informe vincula la contaminación del aire con un mayor riesgo de depresión
Tiempo de lectura: 2 minutos Un reporte de la Agencia Europea del Medio Ambiente advierte que la mala calidad del aire y la contaminación acústica no solo afectan los pulmones, sino que tienen un impacto en la salud mental.
Según el último informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA), titulado «Contaminación y salud mental: evidencia científica actual», existe una correlación entre la exposición prolongada a contaminantes atmosféricos y el desarrollo de trastornos mentales, especialmente la depresión.
El documento destaca que la presencia de partículas en suspensión (PM2,5) y dióxido de nitrógeno (NO2) —elementos comunes en ciudades con alta actividad industrial y tráfico vehicular, como Santiago o Temuco— está directamente vinculada a una mayor prevalencia de cuadros depresivos. Además, el informe señala que los eventos de mayor contaminación a corto plazo pueden agravar significativamente los síntomas en pacientes diagnosticados con esquizofrenia.
Uno de los hallazgos del reporte es cómo la contaminación atmosférica exterior afecta al cerebro en etapas críticas de la vida. La evidencia sugiere que la exposición a estos agentes químicos y partículas finas puede provocar cambios estructurales y funcionales en el sistema nervioso durante la gestación, la infancia y la adolescencia temprana.
Impacto en el desarrollo
«Los trastornos de salud mental tienen su origen en múltiples factores, pero la contaminación se está estudiando cada vez más como un factor contribuyente determinante«, señala la EEA. Aunque se requiere más investigación para establecer una causalidad definitiva, los datos indican que el aire podría estar moldeando la arquitectura del cerebro desde antes de nacer.
A esto se suma la contaminación química. La exposición prenatal al plomo y al bisfenol A (un compuesto presente en diversos plásticos) se ha asociado con un incremento de la ansiedad y la depresión infantil, subrayando la vulnerabilidad extrema de las mujeres embarazadas y los niños frente a entornos saturados de químicos y humo de tabaco.
El ruido eleva el riesgo de suicidio
El informe de la EEA también pone el foco en la contaminación acústica. Los datos muestran que un aumento de solo 10 decibelios en el ruido del tráfico rodado eleva en un 3% el riesgo de depresión. En el caso del ruido generado por aviones, este riesgo se dispara hasta un 12%.
Según el metaanálisis de la Agencia, existe un aumento del 2,2% en las tasas de suicidio por cada incremento de 10 decibelios en el ruido ferroviario. En los niños, la exposición constante al ruido ambiental se traduce en mayores problemas de comportamiento y dificultades de aprendizaje.
Ante este escenario, los expertos abogan por un enfoque de «Una sola salud» (One Health), que integre el bienestar humano con el cuidado del medioambiente. Como contraparte positiva, el informe resalta que las terapias basadas en la naturaleza —como el ejercicio al aire libre, la jardinería y los «baños de bosque»— han demostrado ser herramientas eficaces para mitigar estos daños y fortalecer la salud mental de la población.