¿Problemas con el inglés? El ritmo musical sería clave para una mejor pronunciación
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación de cuatro años liderada por la Universidad de Talca determinó que la sensibilidad rítmica es un predictor fundamental para dominar la acentuación y entonación del idioma anglosajón.
¿Por qué algunas personas logran un acento casi nativo en poco tiempo mientras otras luchan años con la fonética? La respuesta podría no estar solo en los libros, sino en el oído musical. Un estudio desarrollado por la Universidad de Talca (UTalca) identificó que el sentido del ritmo influye directamente en la capacidad de los estudiantes para aprender inglés y, específicamente, para mejorar su pronunciación.
La investigación, que se extendió por cuatro años bajo el marco de un proyecto Fondecyt Regular, fue liderada por Mauricio Véliz, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UTalca. El estudio analizó a cerca de 200 participantes, enfocándose en cómo diversas variables cognitivas y habilidades previas impactan en la forma en que los chilenos internalizan los patrones sonoros de una segunda lengua.
Uno de los hallazgos del estudio es que la habilidad musical, y más específicamente el ritmo —por sobre la melodía—, actúa como un potente predictor de la calidad de la pronunciación.
El ritmo como predictor del éxito lingüístico
Según Véliz, el ritmo es la forma en que el habla se organiza temporalmente, y quienes poseen una mayor sensibilidad rítmica tienden a percibir y producir de mejor manera la entonación y la acentuación del inglés.
«La habilidad musical es un gran predictor de ciertos aspectos de la pronunciación, particularmente el ritmo más que la melodía«, explica el académico. Esta conexión sugiere que el cerebro utiliza mecanismos similares para procesar los patrones de una composición musical y las estructuras prosódicas del lenguaje.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de la UTalca aplicó pruebas de percepción y producción sonora a estudiantes universitarios de niveles intermedio y postintermedio. «Si la música es una habilidad que puede desarrollarse y mejorarse, también podríamos pensar que la pronunciación de un idioma es algo que se puede entrenar», plantea Véliz, abriendo una ventana de esperanza para quienes consideran que «no tienen oído» para los idiomas.
El mito de la memoria
Más allá de la música, la investigación hizo un análisis de la retroalimentación docente. Los resultados demostraron que tanto la retroalimentación explícita (cuando el profesor corrige el error de forma directa) como la implícita (señales sutiles de que algo falló) tienen efectos positivos en el aprendizaje, especialmente en la capacidad de producción oral del alumno.
Sin embargo, el estudio también arrojó sorpresas en el ámbito cognitivo. Contrario a lo que se suele creer, la memoria de trabajo —la capacidad de retener y procesar información en periodos cortos— no mostró una influencia significativa en la percepción o producción de la acentuación y entonación.
Asimismo, los investigadores detectaron que no siempre existe una relación directa entre lo que escuchamos y lo que decimos. «No necesariamente uno percibe exactamente cómo produce«, aclara el decano, señalando que una persona puede ser capaz de notar una diferencia sutil en el acento de otro, pero ser incapaz de replicarlo al hablar.