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Misión Artemis II: Por qué los primeros ocho minutos tras el despegue son los más críticos

Misión Artemis II: Por qué los primeros ocho minutos tras el despegue son los más críticos

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Tiempo de lectura: 2 minutos El regreso de la humanidad a la órbita lunar con tripulación depende de una ventana de tiempo mínima pero letal, que definirá el éxito de la misión y el futuro de la presencia humana en el espacio.

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La misión Artemis II marca un hito en la historia de la exploración espacial moderna. Por primera vez en más de medio siglo, cuatro tripulantes buscarán viajar este miércoles (19:24 horas de Chile) hacia la órbita lunar, pero para lograrlo deberán superar un obstáculo: los ocho minutos y medio iniciales tras el encendido de los motores en Cabo Cañaveral. Este periodo, según expertos de la NASA, concentra la mayor parte del riesgo de toda la expedición.

Carlos García-Galán, ingeniero español y director de Moon Base de la NASA, señala que el éxito no se canta victoria de inmediato. «La verdad es que yo no voy a aplaudir hasta las primeras 24 horas, pero es una muy buena señal si pasamos los primeros ocho minutos. Si los logramos, gran parte del riesgo del despegue ya habrá quedado atrás», explicó el experto a la agencia internacional EFE.

El lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy no es solo un despliegue de potencia, sino una secuencia técnica precisa. Aproximadamente a los dos minutos y medio del despegue, el Space Launch System (SLS) —el cohete más potente construido por la NASA— desprende su primera etapa. Los dos gigantescos motores de combustible sólido caen al océano Atlántico, mientras la nave continúa su aceleración hacia el espacio.

La coreografía del despegue

Un componente relevante en esta fase es la torre de escape, situada sobre la cápsula Orión. Este motor de seguridad está diseñado para eyectar a la tripulación en milisegundos en caso de que el cohete falle o explote. «Si no la necesitamos, en unos cinco minutos más o menos ya la podemos quitar», detalla García-Galán.

Al cumplirse los ocho minutos y medio, la segunda etapa del cohete agota su combustible y se separa. En ese instante exacto, el equipo de control en tierra confirma si el vehículo ha alcanzado la órbita correcta. Superado este hito, la misión entra en una fase de 24 horas de chequeo exhaustivo en la órbita terrestre, asegurando que todos los sistemas de soporte vital funcionen antes de dar el «visto bueno» definitivo para el viaje a la Luna.

El camino hacia una base lunar permanente

A diferencia de la misión Artemis I, que voló con maniquíes en 2022, Artemis II incorpora todos los sistemas de soporte para seres humanos. Además, estrenará una terminal de comunicación láser infrarroja, una tecnología que permite transmitir datos a la Tierra a una velocidad mucho mayor que las ondas de radio tradicionales. Según el ingeniero, esto permitirá recibir imágenes en alta definición y ver a la tripulación en vivo con una claridad sin precedentes.

La misión también destaca por su carácter simbólico y social. La tripulación está compuesta por el comandante Reid Wiseman, el astronauta afroamericano Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen. Esta diversidad busca que «los niños y las niñas se puedan reflejar en ellos y decir ‘eso también lo puedo hacer yo'», destaca García-Galán.

Este vuelo es la antesala de un plan más ambicioso: la construcción de una base lunar permanente que la NASA espera tener operativa cerca del año 2032. Este asentamiento busca funcionar como un laboratorio de pruebas para el siguiente gran salto de la humanidad: la llegada de misiones tripuladas a Marte.


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