Esperanza para la biodiversidad: Picaflor de Arica reaparece en Chaca tras más de una década sin registros
Tiempo de lectura: 2 minutos El avistamiento de ejemplares en las microreservas de Chaca y Vítor, en la Región de Arica y Parinacota, confirma que los esfuerzos de restauración ecológica del Plan RECOGE están dando frutos para salvar de la extinción a una de las aves más amenazadas del planeta.
Tras más de diez años sin registros oficiales en la microreserva de Chaca, funcionarios del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) de Arica y Parinacota lograron observar una hembra de picaflor de Arica (Euludia yarrellii), especie que actualmente se encuentra en peligro crítico de extinción (CR).
Este hallazgo se suma al reciente avistamiento de una pareja —un macho y una hembra— en la microreserva de Vítor, administrada por la Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC). Ambos eventos representan una señal alentadora para la comunidad científica y los organismos ambientales, en un escenario donde cada ejemplar cuenta para evitar la desaparición definitiva de esta ave endémica.
El picaflor de Arica es considerado una de las aves más raras y amenazadas de Chile. Si a principios de este siglo, en 2003, se estimaba una población de alrededor de 1.500 individuos, hoy la cifra ha caído estrepitosamente, bordeando apenas los 400 ejemplares.
Un avistamiento histórico para una especie al borde de la desaparición
Esta disminución drástica responde a la presión constante sobre su hábitat. Los valles del norte grande han sufrido una alta intervención por la actividad agrícola, lo que ha provocado la pérdida de vegetación nativa, el uso intensivo de pesticidas y la fragmentación de los corredores biológicos. Estas condiciones han deteriorado los espacios de alimentación, refugio y nidificación, empujando a la especie a un cuello de botella biológico.
«Volver a registrar ejemplares en Chaca y Vítor muestra que el trabajo en terreno genera resultados«, explica Tamara Monroy Alvear, encargada regional de Evaluación Ambiental del SBAP. Para la experta, estos avistamientos no son una «recuperación espontánea», sino la consecuencia directa de una estrategia de monitoreo y restauración ecológica activa que busca recomponer las condiciones básicas para la supervivencia de la especie.
El rol de las microreservas y el Plan RECOGE
La clave de este incipiente éxito reside en la Red de Microreservas para la Conservación del Picaflor de Arica. Este sistema se compone de cinco territorios fiscales ubicados en los valles de Chaca, Vítor, Azapa y Puquios, sumando un total de 31,7 hectáreas destinadas exclusivamente a la protección del ave.
En el marco del Plan RECOGE (Plan de Recuperación, Conservación y Gestión de Especies), instrumento amparado por la Ley 21.600, el SBAP ha intensificado las acciones en estas zonas durante el último año. Entre las medidas ejecutadas destacan la plantación de más de 4.500 árboles y arbustos nativos esenciales para el forrajeo del picaflor; la habilitación de sistemas de regadío tecnificado para asegurar la supervivencia de la flora local; y la limpieza de terrenos y la instalación de senderos y señalética para el monitoreo científico.