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Estudian cómo la movilidad entre campo y ciudad sostiene el territorio aymara

Estudian cómo la movilidad entre campo y ciudad sostiene el territorio aymara

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Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación antropológica demostró que los constantes desplazamientos entre el campo y la urbe representan una estrategia activa y comunitaria para habitar, sostener y defender el territorio indígena.

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Una investigación desarrollada durante varios años en el norte de Chile constató que las mujeres aymara mantienen sus vínculos territoriales mediante una intensa dinámica translocal, desplazándose periódicamente entre los centros urbanos y las zonas rurales para preservar la ganadería, las redes de cuidado y los lazos intergeneracionales.

El estudio fue llevado a cabo por Catalina Mansilla, doctora en Antropología por la Universidad Católica del Norte y la Universidad de Tarapacá (UCN-UTA), e investigadora postdoctoral de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado y del Instituto Milenio Viodemos. Durante su trabajo de campo etnográfico, Mansilla identificó una expresión recurrente: «estar andando».

Frente a la mirada tradicional que asume una ruptura tajante entre el campo y la ciudad, la investigadora comprobó que las mujeres —tanto jóvenes como ancianas— no se desligan de sus comunidades, sino que hacen del movimiento una forma de residencia continua. Para las propias comuneras, estas dinámicas se articulan en torno a tres acciones: trabajar, ayudar y acompañar.

En este contexto, la actividad ganadera moviliza a las familias hacia sus tierras ancestrales, reactiva lazos de reciprocidad entre mujeres y asegura el traspaso de conocimientos a las nuevas generaciones. Al respecto, la Dra. Ana María Carrasco, académica de la Universidad de Tarapacá y tutora doctoral de Mansilla, enfatizó que visibilizar estas redes translocales e intergeneracionales de mujeres resulta indispensable para comprender cómo sobrevive el pastoralismo andino en la actualidad.

Aportes para la defensa jurídica y la gobernanza territorial

Históricamente, la institucionalidad chilena ha reconocido con relativa facilidad la trashumancia pastoral clásica, pero tiende a interpretar los flujos entre el campo y la ciudad como una pérdida de arraigo o un abandono formal del territorio.

Mansilla advirtió que la validación antropológica de estas formas de movilidad ha sido clave en disputas legales donde la ocupación territorial indígena fue puesta en duda. Respaldar que «estar andando» es una forma legítima de ocupación ha permitido integrar la diversidad de movilidades en los marcos de gobernanza territorial y en los tribunales de justicia.


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