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Tyrannosaurus rex era de sangre caliente: estudio revela temperatura corporal por sus dientes

Tyrannosaurus rex era de sangre caliente: estudio revela temperatura corporal por sus dientes

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un nuevo análisis geoquímico aplicado a fósiles dentales demostró que el Tyrannosaurus rex mantenía una temperatura corporal cercana a los 36,3 °C.

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El debate sobre si los dinosaurios eran criaturas aletargadas de sangre fría o seres enérgicos de sangre caliente parece haber sumado una evidencia contundente. Una investigación publicada en la revista Science Advances asegura que el T. rex era capaz de regular su propia temperatura interna, alcanzando un promedio de 36,3 °C (con un margen de ± 2,5 °C), un rango biológico cercano al del ser humano.

Para conocer el calor interno de una especie extinta hace más de 66 millones de años, los expertos recurrieron a una técnica biogeoquímica. La clave estuvo en los enlaces químicos que forman ciertos isótopos raros de carbono y oxígeno dentro del esmalte dental. La concentración de estas uniones varía de manera predecible según la temperatura: a mayor calor corporal, menor es el número de enlaces registrados en las estructuras cristalinas del fósil, las cuales preservan la información intacta durante milenios.

Robert Eagle, investigador de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y autor principal del artículo, destacó que el esmalte dental ofrece una resistencia superior a la de los huesos para este tipo de mediciones. Además, el equipo optimizó el procedimiento para reducir en un 90 % la cantidad de muestra requerida.

Este avance permitió que el Museo de Historia Natural de Los Ángeles facilitara fragmentos de «Thomas», uno de los esqueletos de T. rex más completos jamás hallados. Según el director de investigación del recinto, Luis Chiappe, sacrificar pequeñas muestras dentales quedó plenamente justificado ante la magnitud de la revelación paleobiológica.

Supervivencia en climas fríos

La comprobación de que el tiranosaurio era un animal endotérmico respalda hipótesis fundamentales sobre su comportamiento. Un organismo con tal capacidad de termorregulación demandaba un consumo continuo de calorías para nutrir su rápido metabolismo, lo que refuerza la teoría de que el T. rex fue un depredador sumamente dinámico o un carroñero oportunista de gran movilidad, y no un reptil pasivo dependiente del calor ambiental.

Por otro lado, esta adaptación térmica le brindó una ventaja evolutiva crucial. Alessandro Chiarenza, coautor del estudio e investigador del University College de Londres, explicó que la sangre caliente permitió a estos colosos expandirse hacia hábitats fríos donde los reptiles ectotérmicos no habrían podido prosperar.


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