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Científicos revelan el potencial biológico de los productos apícola y la flora nativa

Científicos revelan el potencial biológico de los productos apícola y la flora nativa
Raquel Bridi. Créditos: Universidad de Chile.

Cooperativa Ciencia,

Tiempo de lectura: 2 minutos El proyecto incorpora herramientas de inteligencia artificial para predecir el valor terapéutico y funcional de nuevas muestras.

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En el imaginario colectivo, la apicultura suele asociarse casi exclusivamente a la producción de miel. Sin embargo, la colmena alberga un sofisticado ecosistema de matrices biológicas —como el polen apícola, el pan de abeja, el propóleo, la cera y la jalea real— dotadas de funciones nutricionales y protectoras que hoy concentran el interés de la biomedicina y la ciencia de los alimentos.

Esta línea de investigación es liderada por la académica Raquel Bridi, investigadora del Departamento de Química Farmacológica y Toxicológica de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, quien busca descifrar el valor químico y biológico de los productos derivados de la singular biodiversidad vegetal chilena.

Cómo la flora nativa enriquece a la colmena

Uno de los pilares del trabajo radica en la estrecha relación entre los recursos botánicos locales y las propiedades finales de la colmena. Alrededor del 50% de la flora vascular de Chile es endémica, lo que significa que no crece de forma natural en ninguna otra parte del planeta. Cuando las abejas recolectan néctar, resinas o polen de árboles nativos como el quillay, boldo, peumo, coliguay, ulmo, tineo, tiaca o el avellano chileno, transfieren a los derivados apícolas una huella molecular única en el mundo.

«Si las abejas recolectan de plantas nativas o endémicas, la miel, el polen apícola o el propóleo resultante pueden reflejar esa biodiversidad y presentar características propias de nuestro país. Por eso son recursos muy valiosos desde el punto de vista científico», enfatiza la profesora Bridi.

Las investigaciones han identificado en estos productos notables capacidades antioxidantes, antimicrobianas y hepatoprotectoras, vinculadas a una alta concentración de compuestos fenólicos y flavonoides. No obstante, la especialista advierte que la frontera científica actual exige superar el análisis preliminar de laboratorio: «Hoy no basta con demostrar una actividad in vitro, sino que se busca comprender los mecanismos de acción, la estabilidad, bioaccesibilidad y biodisponibilidad para evaluar beneficios reales en la salud».

Inteligencia artificial y nanotecnología para predecir el valor bioactivo

Para garantizar la conservación y entrega eficiente de estas moléculas en el organismo, la ciencia explora hoy sistemas avanzados como nanoestructuras, capaces de proteger los metabolitos activos frente a la degradación ambiental y digestiva, allanando el camino hacia nuevos ingredientes funcionales.

Asimismo, el equipo de la Universidad de Chile proyecta un salto metodológico decisivo: el uso de inteligencia artificial para modelar y anticipar el comportamiento de las matrices apícolas. Tras años de caracterizar más de un centenar de muestras nacionales según su origen geográfico, botánico y perfil bioactivo, los algoritmos permitirán correlacionar grandes volúmenes de datos.

«Estamos entrando en una etapa en la que queremos integrar esos datos mediante herramientas de inteligencia artificial para identificar patrones y avanzar hacia modelos capaces de predecir el potencial de nuevas muestras», adelanta Bridi.


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