Arte como medicina: estudio valida el impacto de la cultura en la salud cerebral y el bienestar
Tiempo de lectura: 2 minutos Una histórica colección científica publicada por The Lancet demuestra que la participación artística y cultural actúa como un potente factor protector de la salud física y mental.
Durante décadas, la medicina tradicional se enfocó de manera prioritaria en identificar las causas de las enfermedades y contrarrestar sus síntomas. Sin embargo, un cambio de paradigma gana fuerza en la comunidad científica internacional: la salutogénesis, un enfoque centrado en entender qué factores mantienen a las personas saludables. En ese escenario, el arte y la cultura emergen con evidencia cuantitativa como intervenciones terapéuticas eficaces y complementarias.
En conversación con Jorge Lira Tomicic en Sin Gravedad de Cooperativa Ciencia, la investigadora del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), Josefina Cruzat, abordó este hito científico derivado de una colección global de artículos en The Lancet.
La iniciativa valida formalmente las actividades artísticas como herramientas de salud pública y medicina preventiva en todo el mundo.
Relojes cerebrales y factores protectores
BrainLat ha investigado en base a modelos computacionales conocidos como «relojes cerebrales», entrenados mediante neuroimágenes para calcular la brecha entre la edad cronológica —la que indica el carnet de identidad— y la edad biológica del cerebro.
«Hemos buscado cuáles son aquellos factores protectores de nuestra salud que retrasan este envejecimiento biológico y encontramos que la participación artística es una de ellas: la danza, las artes plásticas e incluso el juego disminuyen este envejecimiento«, explicó Cruzat, destacando que involucrarse en estas actividades reduce los niveles de cortisol, combate procesos inflamatorios y libera endorfinas, sin importar el nivel de destreza técnica de quien las practica.
Asimismo, la académica subrayó la urgencia de cerrar la brecha en la producción de evidencia científica, ya que gran parte de los estudios provienen de Estados Unidos y Europa. Paradójicamente, en América Latina la participación cultural comunitaria suele ser más alta, pero persisten severas inequidades socioeconómicas en el acceso a bienes culturales y a servicios de salud de calidad.
«Recetas culturales» y el desembarco de Healing Arts en Chile
En el ámbito clínico, la evidencia científica respalda el uso del arte como coadyuvante médico. A nivel internacional, por ejemplo, investigaciones revelan que solo cuatro semanas de talleres de canto reducen hasta en un 60% la sintomatología depresiva en mujeres diagnosticadas con depresión posparto.
En Chile, esta visión ya cuenta con experiencias pioneras en el sur del país gracias a la alianza entre el Teatro del Lago de Frutillar y los hospitales de Frutillar y Puerto Montt. A través de las denominadas «recetas culturales», los médicos prescriben a pacientes con dolor crónico, depresión o aislamiento social entradas para conciertos, obras teatrales o talleres comunitarios.
«No es que el arte nos sane reemplazando el tratamiento médico, sino que funciona como un sustento integral de nuestra salud física y mental», aclaró la investigadora.
Este impulso interdisciplinario se fortalecerá con la llegada a Chile del festival y movimiento internacional Healing Arts, una iniciativa que busca tender puentes directos entre creadores, científicos y tomadores de decisiones. «El foco principal es poner en diálogo al arte y la cultura con la evidencia científica y la política pública», concluyó Cruzat.