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Una fórmula matemática explica por qué cuesta tomar decisiones

Una fórmula matemática explica por qué cuesta tomar decisiones

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Tiempo de lectura: 2 minutos Estudio de la Universidad de Alicante demostró que la complejidad al elegir depende de cómo organizamos la información.

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¿Por qué algunas decisiones resultan más difíciles que otras, incluso cuando tenemos exactamente la misma información? El investigador Adam Sanjurjo, profesor del Departamento de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alicante (España), desarrolló una fórmula matemática que responde a esta interrogante.

De acuerdo con el especialista, la dificultad no depende solo de cuántas opciones evaluamos, sino también de cómo organizamos y procesamos los datos.

El estudio fue publicado en la revista científica Econometrica bajo el título «Space Complexity in Choice» y aplica un concepto de la informática teórica llamado «complejidad espacial», que mide la cantidad de memoria requerida para resolver un problema.

En este caso, la herramienta permite analizar la memoria de trabajo que las personas necesitan al comparar alternativas.

Decisiones: el orden del análisis y la memoria de trabajo

Para comprender el mecanismo, imaginemos que debemos elegir entre varios productos considerando precio, calidad y duración.

Por un lado, una opción es analizar todas las características del primer producto, luego las del segundo y así sucesivamente; por el otro, podemos comparar primero los precios de todos, después la calidad y finalmente la duración.

En efecto, aunque la información y las alternativas son idénticas, el orden de análisis cambia la cantidad de datos que mantenemos de forma simultánea en la mente.

Sobre este fenómeno, Sanjurjo explicó que «la capacidad de decidir bien no depende únicamente de las características objetivas del problema o de cuánta información tengamos, sino también de cómo estructuramos esa información para reducir lo que necesitamos mantener simultáneamente en la memoria».

Experimentos y tasa de acierto

Las pruebas experimentales confirmaron que estas diferencias cobran relevancia cuando aumentan las alternativas y atributos.

De hecho, los participantes acertaron el 87,5% de las elecciones cuando utilizaron el método que requería menos memoria. En contraste, la efectividad bajó al 66,1% al emplear la vía de mayor exigencia cognitiva.

Asimismo, en los dilemas de gran tamaño, la diferencia en las tasas de acierto alcanzó casi los 40 puntos porcentuales.

En cambio, cuando las elecciones eran más sencillas, las brechas se redujeron sustancialmente, pues las exigencias de memoria resultaban similares.

Paralelamente, surgió un hallazgo relevante cuando los voluntarios organizaron la información de manera libre. En esa instancia, el 98,5% eligió espontáneamente el método de menor costo de memoria, alcanzando cerca del 90% de aciertos.

Por lo tanto, los resultados muestran cómo la complejidad espacial, una medida matemática de las exigencias de memoria, permite predecir las dificultades que experimentan las personas al tomar decisiones.


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