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Ramón López de Mántaras y la cara oculta de la IA: Precariedad laboral, crisis ambiental y riesgo de colapso digital

Ramón López de Mántaras y la cara oculta de la IA: Precariedad laboral, crisis ambiental y riesgo de colapso digital

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Tiempo de lectura: 2 minutos Durante su participación en Congreso Futuro, el experto en inteligencia artificial, Ramón López de Mántaras, advirtió sobre la explotación de los «data workers» y el impacto de los centros de datos en países como Chile.

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La promesa de los líderes tecnológicos parece seductora: una era de superinteligencia donde las máquinas resolverán todos los problemas, permitiendo que la humanidad se dedique exclusivamente al ocio y la creatividad. Sin embargo, detrás de esta idea de progreso se esconde la precarización humana y el impacto ecológico. Así lo expuso en Congreso Futuro 2026 Ramón López de Mántaras, doctor en Informática y pionero de la inteligencia artificial (IA).

Para el fundador del Instituto de Investigación en IA del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la inteligencia artificial generativa no es un ente autónomo, sino el resultado de un «proletariado digital» y un consumo de recursos naturales que pone en juego la sostenibilidad del planeta.

En su exposición, López de Mántaras apuntó a la visibilización de los llamados data workers (trabajadores de datos). Contrario a la creencia popular de que la IA aprende «sola», estos sistemas requieren de millones de personas encargadas de clasificar imágenes, corregir textos y, sobre todo, depurar contenidos violentos o traumáticos.

«Proletariado digital» detrás de los algoritmos

«Para que un sistema sea capaz de reconocer un discurso de odio o filtrar pornografía y violencia extrema, alguien ha tenido que verlo y marcarlo como tal», explicó el experto. Esta labor es subcontratada por gigantes tecnológicos en países con legislaciones laborales débiles y bajos salarios, «muchas veces inferiores a los 5 dólares diarios», afectando a poblaciones vulnerables en Kenia, India o Filipinas.

Estos trabajos tienen costos para la salud de estos trabajadores: cuadros crónicos de ansiedad, depresión y trastorno de estrés postraumático. Según Mántaras, este sistema reproduce las viejas lógicas del colonialismo, donde el beneficio se acumula en los centros de poder de Silicon Valley, mientras que los costos humanos y el trauma se distribuyen en el Sur Global.

El impacto en Chile

La expansión de la IA también tiene una huella física. López de Mántaras alertó sobre el crecimiento desmedido de los centros de datos, que demandan cantidades ingentes de agua y electricidad. En este contexto, Chile surge como un punto de preocupación, dado el interés de las tecnológicas por instalar grandes infraestructuras que, a corto plazo, podrían abastecerse de combustibles fósiles, agravando la crisis climática local.

«Seguir construyendo plantas térmicas para alimentar centros de datos solo acelerará un calendario climático que ya bordea lo catastrófico», advirtió, señalando que una sola planta de gas reconvertida podría emitir CO2 equivalente a cuatro millones de vehículos.

El agotamiento de la «materia prima» digital

Sumado al problema ambiental, el experto planteó que la IA se está quedando sin «materia prima» de calidad. Se estima que el suministro de textos generados por humanos podría agotarse entre 2026 y 2032. Al entrenarse con contenidos generados por otras IA, los modelos comienzan a degradarse, volviéndose predecibles y plagados de clichés.

«La paradoja es inquietante: cuanto más grandes son los modelos de lenguaje, más pobres son sus resultados«, señaló López de Mántaras,. El experto concluyó que la innovación debe ir acompañada de una regulación política y una protección ética urgente. «Ninguna inteligencia, ni humana ni artificial, puede sostenerse sobre un planeta en ruinas», aseguró el académico.


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